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VI. Desde la Restauración en Europa hasta el Concilio Vaticano II: nuevos horizontes (1880-1965)

 

1. Restauración de la Orden en Europa.

Primeros pasos de la restauración

El padre José María Rodríguez, Vicario General de la Orden, pensando en la reforma de los conventos de Hispanoamérica, envía como Visitador General al padre Magín Bertrán. Pero su mayor anhelo era restaurar la Orden en Europa. Para ello necesitaba conseguir algún convento mercedario y algunos religiosos exclaustrados que estuvieran decididos a restituirse al claustro.

Con la cooperación del padre Benito Rubio Alcaine y la ayuda del bienhechor Marqués de Lazán, pudo el padre Rodríguez, al fin, con los permisos eclesiástico y gubernamental respectivos, inaugurar solemnemente, el 10 de Agosto de 1878, la restauración de la Orden Mercedaria en el convento de Santa María de El Olivar. La comunidad la componían 13 religiosos, el mayor de 72 años y de 60 el menor. Este feliz hecho comportaba la iniciación de la restauración de la Orden de la Merced en la provincia de Aragón y en España.

Generalato del padre Pedro Armengol Valenzuela Poblete

Este insigne religioso mercedario nació en Coipué, pequeño pueblo de la provincia de Talca (Chile), el 5 de Julio de 1843. Sus padres fueron José Ignacio Valenzuela y María de las Nieves Poblete. Fue bautizado con el nombre de Laureano, que él cambió en el claustro por el de Pedro Armengol. Hizo sus estudios primarios en la escuela fiscal de Gualleco y cursó los secundarios en Talca. Un día, después de haber escuchado la predicación del mercedario padre Ramón Bisquert, que le impresionó fuertemente, decidió abrazar la vida religiosa. Ingresó a la Orden en Santiago, donde el año 1861 vistió el hábito de la Merced, iniciando el noviciado en el convento recoleto mercedario de San Miguel, hoy Gratitud Nacional. Hizo su primera profesión el 14 de noviembre de 1862, y los votos solemnes, el 10 de Febrero de 1866. El 28 de marzo de 1868, fue ordenado sacerdote, por el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso. Los superiores, al advertir en él una extraordinaria capacidad para asimilar los estudios, una prodigiosa memoria y una afición y facilidad poco comunes para los idiomas, le pusieron eminentes profesores de filosofía, teología y lenguas extranjeras, y después lo enviaron a Roma a continuar sus estudios teológicos y lingüísticos. Autorizó su viaje y lo acogió en Roma, el padre José Reig, Vicario General de la Orden.

El año 1871 acompaña, en calidad de secretario, al padre Benjamín Rencoret, que va como Visitador Apostólico a Ecuador. Por asuntos de la provincia de Ecuador va a Roma, en 1876, y regresa al mismo país en calidad de Vicario Provincial. Al no aceptar las imposiciones dictatoriales de Veintimilla, es expulsado por el dictador y regresa a Chile. El 30 de enero de 1880, el padre Pedro Armengol Valenzuela es elegido Maestro General de la Orden. Al momento de su elección tenía 37 años y se desempeñaba como comendador del convento de Valparaíso (Chile). En el mismo puerto se embarcó, vía Estrecho de Magallanes, para Europa, llevando como secretario al padre Clodomiro Henríquez. Ya en Roma, el 31 de Marzo de 1880, reúne a la comunidad. Ante ella, el p. Liborio Senmartí y Salvans lee el decreto de León XIII aprobando y confirmando la elección. El padre Pedro Armengol Valenzuela presta el juramento constitucional de rodillas ante el padre Magín Bertrán, Vicario general interino. Luego pasan a la iglesia donde entonan el Te Deum. Al finalizar las preces, el nuevo Maestro General habla de la caridad que debe reinar entre los religiosos y de las esperanzas que abriga respecto al porvenir de la Orden. Finalmente nombra Secretario General al padre Clodomiro Henríquez.

Con el padre Valenzuela se inicia el gobierno de la Orden desde Roma. Los Generales anteriores lo hicieron desde España. El panorama de la Orden en Europa era desolador: quedaban 22 religiosos, bastante ancianos, distribuidos en tres conventos: San Adrián, Cagliari y El Olivar. Además, había algunos exclaustrados repartidos por diversas partes. Sin un noviciado y sin ninguna clase de rentas ni recursos materiales. En América, las provincias de: Ecuador con 7 conventos; Perú con 4 conventos; Chile con 11 conventos y Argentina con 4 conventos. Todas sumaban apenas 250 religiosos.

Convencido de que la tarea fundamental de su mandato era la restauración de la Orden, dedicó a ello todas sus energías, inteligencia, experiencia y amor. Como primera medida abre noviciados y casas de estudios para formandos. Con estratégica visión creó el noviciado de Roma, en el convento de San Adrián; luego el de El Olivar, en Aragón;y el de Conxo, primero, y más tarde el de Poio, en la provincia de Castilla. Para formadores buscó a los mejores religiosos del momento, aunque estuvieran en las antípodas. Fue así como trajo a Europa y especialmente a España a los padres Clodomiro Henríquez, Pedro José Ferrada, José Liñán de Ariza, Pedro Nolasco Pérez Rodríguez y Agustín Pérez, chilenos; padres Miguel Tovar y Mariano Flores, peruanos; padre Bernardino Toledo, argentino; padres Guillermo Bravo y Pedro Armengol Castro, ecuatorianos; y padre Francisco Sulis, italiano. Además, para lograr una fundamental mejora en la formación de las nuevas generaciones de frailes, había que renovar la estructura de la vida religiosa mercedaria, reemplazando las Constituciones de 1692, por una legislación más actualizada.

El Colegio de San Adrián

Toda la actividad del padre Valenzuela tuvo su sede en el convento e iglesia de San Adrián en el Foro Romano. Antiguamente los Procuradores Generales vivían en el convento de Santa Rufina, de Roma. Por bula, Sixto V, el 8 de abril de 1589, concede in perpetuum a la Orden el uso de la iglesia, casa y huerto de San Adrián. Entonces el Procurador General, fray Francisco Torres, y otros religiosos, se trasladan a la casa del Foro Romano, que se convierte en sede de los Procuradores Generales de la Orden. Los Papas Sixto V (1590) y Pablo V (1605) ordenan a los Maestros Generales padres Francisco Salazar y Alonso Monroy, respectivamente, que todas las provincias de la Orden envíen dinero para reparar San Adrián, que debe ser mantenido por toda la Orden, puesto que a ella se ha donado; Orden que entonces estaba constituida no sólo por las cuatro provincias españolas, sino también por la provincia de Francia y las 8 de América. Pablo V pide se dé a ese convento de Roma 4.000 escudos de oro, repartidos de la siguiente manera: Lima, 1.000 escudos; Cuzco, 1.200 escudos; Nueva España, 500 escudos; Chile y Tucumán, 300 escudos; Castilla, 4.000 reales, y Andalucía, 4.000 reales. De la contribución se eximieron las provincias de Aragón, Valencia y Francia, por su pobreza.

El Capítulo General de Granada, de 1664, decretó que se remitiera la cuarta parte de los espolios de Indias para ayudar al convento de Roma. El Capítulo General de Granada, de 1723, estableció que la cantidad que se requería para subvenir las necesidades y pobreza de San Adrián se repartiese entre las cuatro provincias de España y las de México, Guatemala, Lima, Cuzco, Quito, Chile, Tucumán y sus Doctrinas. En 1770, el Capítulo de Calatayud decretó el cese de dicha contribución por parte de España, pues en adelante irán muy pocos religiosos de las provincias españolas.

Desde el aspecto jurídico, el papa Clemente VIII, al constituir (1603) la provincia de Italia, separó a los conventos de Italia que pertenecían a la provincia de Aragón, y dejó al convento de San Adrián como casa de la provincia italiana, situación que se mantuvo hasta fines de 1785, cuando, por medio de una bula papal del 2 de agosto del mismo año, San Adrián fue declarado Colegio Generalicio y puesto bajo la autoridad del Maestro General. Cuando, el 16 de Junio de 1875, se presentó en San Adrián don Aurelio Ibarra para apropiarse de él, cumpliendo órdenes de Madrid, el padre Rodríguez salva este secular convento expresándole al funcionario que jamás el gobierno español concedió alguna cosa a dicho convento y que todo es mantenido por los conventos mercedarios existentes en Perú, Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina.

El padre Valenzuela, el 20 de diciembre de 1883, consiguió del rey de Italia que el convento de San Adrián fuera reconocido civilmente como Convictorio Hispanoamericano. En San Adrián fue inaugurado el noviciado en diciembre de 1880. Nueve años después, la casa de formación fue transferida a Orvieto. Durante ese período profesaron, en este noviciado romano, 37 religiosos, de los cuales 29 eran italianos.

Al restablecer, en 1907, la provincia de Italia con el nombre de Provincia Romana, el padre Maestro General pidió a la Santa Sede que el convento de San Adrián integrara la nueva provincia, conservando su condición de Colegio Generalicio.

Continuación de la Restauración en España

Recién asumido su cargo, el padre Valenzuela, en Agosto del 1880, escribe al padre Comisario General de la provincia de Aragón, fray Benito Rubio Alcaine no admitiéndole la renuncia que pensaba enviar: "Su cargo se lo ha dado Nuestra Santísima Madre. Lo que debemos pensar es en abrir noviciado en El Olivar lo más pronto posible, porque cada día que pasa es para nosotros atraso de muchos años". Luego en el verano de 1881 viaja a España para gestionar la apertura de Conxo y El Puig, y pasa a El Olivar. Notó buen ambiente. Nombró comendador al padre Antonio Lafuente, y maestro de novicios al padre Fabián Lisbona; dejó una ayuda económica para el arreglo del noviciado, al padre Benito Rubio, a quien confirmó en el cargo, y dio la orden de iniciar el noviciado. Este se inauguró, el 24 de septiembre de 1881, con seis jóvenes. Como en El Olivar había siete sacerdotes y un hermano, mandó a cuatro religiosos que estaban en San Adrián, para robustecer la comunidad del nuevo noviciado. A partir del convento de El Olivar, cuna de la restauración de la Orden de la Merced en España, resurgió la provincia de Aragón, con la recuperación y apertura de los antiguos conventos de Lérida (1886), San Ramón (1897), Palma de Mallorca (1905), Santa María de El Puig (1921) y con la fundación en la iglesia de Santa Marta de Barcelona (1901).

Dejado El Olivar, el P. Valenzuela pasa a Valencia por lo de El Puig, y sigue viaje a Madrid. Aquí se da cuenta que el gobierno español no va a dar autorización para los conventos de El Puig y Conxo. Sin embargo emprende viaje a Santiago de Compostela para hablar con el arzobispo. Los dos convienen en instalar una comunidad poco numerosa, sin autorización del gobierno, en el Conxo. Aquí recibe la entusiasta colaboración del anciano padre Antonio Noya, quien con los padres Magín Bertrán y Buenaventura Boneta, sacerdote secular, enviado por las monjas mercedarias de Bérriz a Roma, donde había hecho su noviciado mercedario abreviado por dispensa, serán los iniciadores de la restauración castellana. A estos dos últimos envió el General a Conxo y abrió el noviciado cuyó primer novicio, el hermano lego fray Juan Vales, tomó el hábito el 21 de mayo de 1882. Luego ingresarán al noviciado dos sacerdotes seculares y varios jóvenes. El padre Magín Bertrán, nombrado vicario provincial de Castilla y maestro de novicios, había invertido una suma apreciable en reparaciones. El padre Valenzuela le envía 10.000 duros, parte de la expropiación del huerto (600 metros cuadrados) de San Adrián, hecha por el ayuntamiento de Roma.

 El padre Maestro General vuelve a visitar esta casa en 1882, cuando da normas para el noviciado de El Olivar;y más tarde, demostrando siempre su especial preocupación por la formación, en 1885 y en 1888. Ahora la comunidad ha crecido y está formada por: 5 sacerdotes; 1 diácono, fray Adolfo Londei, italiano, lector en filosofía; 9 estudiantes profesos; 3 novicios clérigos; 2 hermanos legos de votos solemnes y 1 novicio para hermano. Los religiosos mercedarios, obligados a abandonar el propio convento de Conxo -convertido, por voluntad de la mitra compostelana, en sanatorio de enfermos mentales para Galicia- elegirán el monasterio de Poio (Pontevedra), después de lograr construir nuevo Ayuntamiento, entregando 7.000 duros. Así quedaba libre la primera planta del antiguo monasterio benedictino. Como, además, era parroquia, hubo que esperar al fallecimiento del párroco para poder instalarse, después de restaurar la parte ruinosa del edificio. De nuevo el Maestro General les envía desde Roma 10.000 pesetas y, más tarde, 12.500 pesetas más, empeñado como estaba en que se instalase la nueva comunidad de Castilla en Poio. En este convento se formó el nuevo personal de la provincia de Castilla. Con ellos se logró abrir conventos en Sarria, Herencia, Verín y, posteriormente, residencia en Madrid.

2. Constitución de provincias y viceprovincias

Creación de la Congregación de Bolivia

En 1887, el Maestro General, preocupado de la formación de religiosos, ordenó al padre Félix de los Ríos, argentino, abrir noviciado en La Paz, casa que formaba parte de la provincia del Perú. En la Congregación General de Roma de 1893 se crea la Congregación o Comisariato de Bolivia, independiente del Perú, el 21 de Junio de 1893. El padre Manuel Argüello, de la provincia argentina, fue nombrado Comisario General de la nueva viceprovincia. En 1897, es designado el padre Félix de los Ríos, quien la condujo hasta 1903. A él se debe la erección del colegio de Sorata. Entre 1910 y 1912 fue nombrado el padre Policarpo Gazulla Galve, de la provincia de Aragón, escritor y gran polemista, a quien le tocó, por medio de la prensa, defender públicamente los derechos de los mercedarios. Sin embargo, el año 1912, el Congreso boliviano aprobó el cierre de ese convento paceño, de la escuela de Sorata, y la expulsión de los mercedarios de Bolivia. Los políticos echaron el ojo a los bienes inmuebles de que era propietaria la Orden: el convento de La Paz tenía una gran finca, vecina al lago Titicaca; había que suprimir el convento para adueñarse de aquélla. El último vicario conventual de la suprimida encomienda, padre Dionisio Russi, italiano, deja constancia que, al tiempo de la clausura del convento de La Paz, había 12 religiosos: 1 español, 1 italiano, 2 chilenos, 5 bolivianos, 2 ecuatorianos y 1 argentino. Años después, el 11 de Abril de 1939, gracias a las gestiones del padre Visitador General, fray Vicente Fernández, argentino, regresan los mercedarios a La Paz. En 1948, el padre Víctor Barriga, Provincial de Perú, obtuvo del Presidente de Bolivia un decreto por el cual se garantizaba la existencia legal de la Orden en esa república. La Santa Sede, en 1953, anexó Bolivia a la provincia de Castilla. Actualmente, el convento paceño forma parte de la provincia peruana.

Viceprovincia de Concepción, Chile

Junto con la Congregación de Bolivia, se crea la viceprovincia de Concepción (25 de mayo, 1893), con los antiguos conventos de Chillán y Concepción. Primer Comisario fue el padre Cayetano Mora, que abrió noviciado en Chillán, el 8 de diciembre de 1895, con la toma de hábito de 8 jóvenes. Como esta viceprovincia tenía poco personal, el padre General la refuerza con el traslado de religiosos de otras provincias: tres de la de Chile; y los padres Manuel Burgos Castillo, boliviano. Julio Elizalde, peruano; A. Cabrera, ecuatoriano; Adolfo Rezza, italiano; Juan Iglesias, español; y el hermano Pietro Menichini, italiano, religioso ejemplar, trabajador, lleno de simpatía. Vivió más de 30 años en Cato, propiedad agrícola de la Orden, muy próxima a Chillán, que él convirtió en jardín. Descansa en el cementerio de dicha ciudad. En 1911, la S. Sede decreta la unión de esta viceprovincia con la provincia chilena. En 1920, el padre Inocencio López Santa María reorganiza con cuatro conventos esta viceprovincia, que el año 1922 inaugura el noviciado en San Javier.

Interés por la restauración de la Orden en México

La Constitución mexicana de 1857, expropia todos los bienes de la Iglesia, aboliendo también el fuero eclesiástico. La Merced, con abundante personal y grandes conventos en el siglo pasado, hacia 1900 es una provincia desolada, reducida a seis religiosos. Bajo el gobierno tolerante de Porfirio Díaz, la Orden recupera las casas de Toluca, Puebla, Merced de las Huertas y Lagos de Moreno.

En 1903, el padre Valenzuela manda al padre Antonio Giuliano, italiano, que se encontraba en EE.UU., para que pasara a México e iniciara la restauración de la provincia. El joven padre Giuliano conviene con el padre Vicario Provincial, fray Gil Tenorio para que visitara al arzobispo solicitándole la devolución de la iglesia de Arcos de Belén. Se obtiene y el padre Giuliano la atiende durante cuatro años. El año 1906, el padre Antonio pide al padre General que envíe más religiosos a México. En Octubre llegan los padres Rafael Annechiarico, Rosalino Prosperi y el hermano Angelo Urbani. El mismo p. Giuliano va a Italia y trae, en 1908, al padre Martino Compagno y al subdiácono fray Alfredo Scotti. El año 1911 llegan de Italia los padres Giacomo Lassandro y Emilio de Matteo.

En 1907, empiezan a llegar los religiosos de la provincia de Castilla: Pascual Miguel, Jerónimo Alvarez, Agustín Salcedo, Casiano Salcedo, Adolfo Rodríguez, Miguel Hortas, Antonio Félix Cadaveira, Manuel Tarrío, Enrique García, José Martínez y Benigno González. De la provincia de Aragón vienen los padres José M. Gómez y Nicolás Paracuellos. Otra provincia generosa con México fue la de Ecuador. En 1909, manda a los padres Domingo Cabezas, Juan L. Roldán y José Tovar.

El liberalismo, de moda a comienzos de siglo, persigue nuevamente a la Iglesia, expulsando al clero extranjero, especialmente europeo. En 1915, los mercedarios italianos son expulsados de México y se refugian en EE.UU. Pasarán 15 años (1930), antes de que la Orden haga un nuevo intento de restaurar la provincia de México. En este nuevo esfuerzo estará presente el padre Alfredo Scotti, años después Maestro General de la Orden.

Viceprovincia de Sicilia y Comisariato de Sardegna

Los mercedarios descalzos de Sicilia sufrieron también los embates políticos del siglo XIX y las leyes de supresión de los religiosos en Italia. Desaparecieron del todo en la viceprovincia Romana, y de la provincia descalza de San Ramón de Sicilia quedaron unos pocos religiosos, sin fuerzas para resurgir. En estas condiciones, el padre Michele Curto, junto a otros nueve hermanos de hábito, solicitan al Santo Padre ser agregados a la Primera Orden, con la condición de que quedara la provincia de San Ramón de Sicilia (1900). El padre Valenzuela da su parecer favorable y la Sagrada Congregación de Religiosos concede el indulto de unión con fecha 27 de septiembre de 1900. El General padre Valenzuela, el día 25 de julio de 1901, nombra al padre Curto Vicario Provincial de la viceprovincia de Sicilia, que tenía los conventos de San Cataldo y Módica. Por el año 1903, el Maestro General comienza a enviar, desde Roma, personal religioso a Sicilia.

En Sardegna se necesitaba restablecer la vida mercedaria comunitaria en el convento de Cagliari, donde residían como cuidadores del santuario algunos religiosos exclaustrados. El padre Valenzuela envía al padre Adolfo Londei, quien, hecha la visita canónica, restablece la vida común en este antiguo convento de la Orden (1902).

 Provincia Romana

Cuando el padre Pedro Armengol Valenzuela llegó a Roma, la Orden tenía sólo dos conventos en Italia: San Adrián y Cagliari, y unos cuantos religiosos exclaustrados. En cuanto a la provincia Italiana no se trataba solamente de restablecer la vida común, sino de darle nueva vida. El General concreta esta tarea creando el primer noviciado de Europa en S. Adrián en 1880. Su primer maestro fue el padre Clodomiro Henríquez, sustituido en 1882 por el padre Francisco Sulis. Luego adquiere Nemi, 19 de marzo de 1881, antiguo convento franciscano rematado en subasta pública. Costó 25.376 liras. Más tarde, 22 de agosto de 1889, compra en 49.000 liras el palacio de Orvieto a la condesa Faustina Mazzochi, instalando allí el convento y noviciado. Con la ayuda de algunos bienhechores, abre el convento de San Vito dei Normanni, en 1894; en 1897, el de Ponzano Romano; y en 1901, inicia la fundación del santuario de Carpignano, en Avellino. Con estas casas, más la de San Adrián y un buen número de jóvenes religiosos, reconstituye la antigua provincia italiana con el nommbre de Provincia Romana, en 1907.

Provincia de Perú

El padre Valenzuela al asumir como Maestro General de la Orden encontró en el Perú cuatro conventos: Lima, Cuzco, Arequipa y La Paz. Era lo que las supresiones de conventos y la incautación de bienes había dejado de dos prósperas provincias. El padre General consigue del Delegado Apostólico, Dr. Mariano Meceni, el consentimiento para la erección de la provincia de San Pedro Armengol del Perú con los conventos existentes y como sede el convento de Arequipa. El padre Aparicio del Castillo, religioso ecuatoriano de gran experiencia en el gobierno, fue el primer Provincial (1881). En 1884 es nombrado Provincial el padre Manuel Argüello, de la provincia argentina. El año 1891, el padre Valenzuela designa para el cargo al padre Nicanor Velásquez, quien preside el primer capítulo provincial de la nueva provincia (1892). El padre General designa otra vez al padre Argüello, quien, representando a la provincia peruana, participa en la Congregación General convocada en abril de 1893, en Roma. Ausente el padre Argüello, gobierna, como Vicario Provincial el padre Miguel Tovar hasta 1919. Este religioso imprimió a los conventos peruanos un carácter educacionista, importante apostolado actual de la provincia peruana. Después de algunos años, en 1926 la provincia volvió a tener capítulo ordinario, en el que fue elegido Provincial el padre Alberto Escaler.

Reelección del padre Valenzuela

El cardenal Eduardo Howard, Protector de la Orden, conocedor de los positivos resultados del trabajo del p. Valenzuela en la restauración de la Orden, presentó al Santo Padre la conveniencia de prolongar el gobierno del Maestro General, basado en la bula Nuper pro parte. El papa León XIII, el 1 de mayo de 1885, aceptó la petición del cardenal Howard; decisión que fue comunicada a la Orden por decreto de la Congregación de Obispos y Regulares, el día 8 del mismo mes y año. Este es el origen de la prolongación del gobierno del padre Pedro Armengol Valenzuela.

El año 1891, el padre Procurador General, fray Liborio Senmartí, en una circular de su responsabilidad, propone a los Provinciales que la Orden solicite humildemente "al Romano Pontífice para que se digne confirmar por otros 12 años al actual Rdmo. padre Valenzuela, para que pueda llevar a cabo felizmente el comenzado restablecimiento". El 26 de agosto las respuestas estaban en manos del padre Procurador General, y todos los Provinciales estuvieron de acuerdo. A los dos días, la Sagrada Congregación pone en ejecución la voluntad del Santo Padre y responde favorablemente a la Orden acerca de lo que pedía, con el decreto de las conocidas palabras: regant qui regunt, gobiernen los que gobiernan.

3. Constituciones del Padre Valenzuela (1895).

Congregación General de 1893

Confirmado en su oficio de Maestro General de la Orden, el p.Valenzuela convoca a los Provinciales a la Congregación General, en Roma. Deben venir el Provincial o un Delegado nombrado por el Definitorio. Pide que los religiosos oren mucho, pues se trata de una cosa muy importante.

El 11 de abril de 1893, se reúnen en Roma, por primera vez, los Provinciales de toda la Orden, sesenta años exactos después del último Capítulo General de Huete. Concurren: padre Pedro Armengol Valenzuela, Maestro General; padre Manuel Argüello, Provincial de Perú; padre Clodomiro Henríquez, Provincial de Chile; padre José León Torres, Provincial de Argentina; padre Daniel Reyes, Provincial de Quito-Ecuador; padre José Giantrapani, Comisario General de Sardegna; p. Pascual Tomás, Delegado de la provincia de Aragón; padre Buenaventura Boneta, Delegado de la provincia de Castilla; padre Ramón Colongioli, Delegado de la provincia de Italia, y el padre Liborio Senmartí, Procurador General.

El discurso del p.Valenzuela a los Venerabiles Patres, escrito en elegante latín, da la pauta del trabajo que se va a emprender: la urgente necesidad de dotar a la Orden de nuevas Constituciones.

La Congregación duró 48 días y celebró 20 sesiones plenarias y 23 de comisiones. Los Provinciales, en el proyecto, corrigieron varios puntos, suprimieron algunos y añadieron otros. Después de largas discusiones, especialmente la referente a la finalidad de la Orden y a la formulación del cuarto voto, el texto fue aprobado unánimemente. Las nuevas constituciones pasaron a llamarse Romanas. El papa León XIII las aprobó el 22 de abril de 1895, con decreto dado el 11 de mayo del mismo año, y comenzaron a regir el 21 siguiente.

Contenido de las Constituciones

Las Regula et Constitutiones coelestis, regalis ac militaris Ordinis Redemptorum B.M.V. de Mercede denuo ordinatae et a SS. D. N. Leone XIII confirmatae están compuestas de un fundamento, doce distinciones o partes y un epílogo. En nueve capítulos, el fundamento establece los principios o elementos fundamentales de la vida religiosa mercedaria. Cada una de las distinciones toca diversos aspectos del instituto: admisión de candidatos y su formación; instrucción de los profesos; votos y divina alabanza; observancia regular; ejercicio de las letras; ministerios; capítulos y elección de superiores; gobierno de la Orden; bienes temporales; monjas, terciarios y partícipes; culpas y penas; separación de la Orden. Cierra las Constituciones un epílogo sobre la interpretación y dispensa de la leyes.

Es de notar que estas Constituciones no traen, como las anteriores, la distinción sobre la redención de cautivos, recogiendo este tema sólo en el tercer capítulo de la distinción VI, dedicada a los ministerios. Se incorpora en la actividad de la Orden el ministerio de las misiones, y la educación de la juventud.

En estas Constituciones acompañan a los normas, consideraciones de tipo teológico o vivencial, por eso son extensas; pero en ellas se percibe el deseo del hombre consagrado de acercarse a Dios.

El padre Valenzuela resume: "Las Constituciones de 1895 cambiaron la faz del Instituto, señalando más vastos horizontes a su actividad".

Libros complementarios

Son obras que afinan la nueva imagen del mercedario ideal cuyo proyecto de vida está trazado en las nuevas Constituciones. Sobrios y doctrinales escritos utilísimos para la formación de un religioso.

1. Rituale et Euchologium coelestis, regalis ac militaris Ordinis Redemptorum B.M.V. de Mercede,(1895). Subsidio para alimentar la oración y piedad de la Comunidad.

2. Caeremoniale coelestis, regalis ac militaris Ordinis Redemptorum B.M.V. de Mercede, (1898). De esta obra había necesidad en la Orden, por eso se confeccionaron compendios en español e italiano.

3. El Mercedario instruido en los deberes de su estado (1899). Libro fundamental para la formación religiosa mercedaria, usado también por muchos sacerdotes no mercedarios.

4. Himnos y Salmos de la Merced con algunos cantos originales relativos a la misma Orden,(1883).

5. Regla y Constituciones de las Hermanas Terceras de Nuestra Santísima Madre de la Merced,(1883). Obra dedicada a las Religiosas Mercedarias de San Gervasio, de Barcelona.

6. Regla y Constituciones de la Sagrada, Real y Militar Orden de Redentores de la B.V.M. de la Merced adaptadas a las Monjas del mismo Instituto, (1897).

Todas estas obras el padre Valenzuela las publicó en Roma. Escribió, además, otras de carácter histórico y lingüístico, importantes circulares, sermones y poemas.

Influjo de las nuevas Constituciones

La Restauración se basa en los valores espirituales y en el patrimonio de la Orden, dando auténtico sentido a la tradición mercedaria; por ello se debe conocer su historia y los ejemplos de los antepasados.

Se insiste en que la Orden debe llegar a constituirse en una comunidad organizada en la cual la autoridad es fuerte y centralizada. El Superior local no debe exagerar sus atribuciones y constituirse en árbitro o dueño de los bienes del convento, independiente de los superiores mayores.

El espacio del religioso es el convento, donde debe vivir en comunidad y sin interferencias de los seglares. Allí el fraile mercedario debe tender a mayor perfección viviendo una vida austera con mayor severidad en las observancias de las leyes eclesiásticas y constitucionales; debe llevar, sobre todo, una vida de verdadero amor fraterno.

Las Constituciones, por otro lado, no son el frío código legislativo, sino que se transforman en un verdadero manual de vida espiritual mercedaria. En ellas se encuentra la riqueza espiritual nacida en la Orden desde su fundación y conservada a través de los anteriores textos legislativos.

4. Gobierno de la Orden

La vida de la Merced desde la primera década no fue fácil: pasó por pruebas internas y externas en las provincias. La historia misma del siglo XX, con dos guerras mundiales (1914 y 1939); las rivalidades entre los estados europeos; la caída de los zares y el triunfo del comunismo; las crisis políticas y el surgimiento de otras formas de totalitarismos con sus secuelas; la guerra civil española, con su persecución a la Iglesia y las derivaciones de la segunda guerra mundial afectaron la vida de la Orden.

Ultimos años del padre Valenzuela

Después de 32 años de gobierno, el padre Valenzuela emprende el viaje de regreso a Chile, llevando en su equipaje la gratitud de toda la Orden, que lo consideró un segundo san Pedro Nolasco por su obra de la restauración mercedaria, y un apreciable bagaje de honrosos cargos con que lo distinguió la Iglesia mientras permaneció en Roma: Consultor de la Congregación de Propaganda Fide, miembro de la Comisión Pontificia para la revisión de los Sínodos Provinciales, miembro de la Comisión para la codificación del Derecho Canónico, miembro de la Comisión preparatoria del Concilio Plenario de América Latina, obispo de San Carlos de Ancud, nombrado el 30 de junio de 1910 y consagrado el 24 de julio siguiente, en la iglesia del Colegio Pío Latino Americano, por el cardenal Antonio Agliardi, Canciller de la Santa Sede.Por disposición vaticana, obispo ya, permanece aún en el gobierno de la Orden hasta el mes de octubre de 1911, fecha en que hace entrega del cargo generalicio a su sucesor, padre Mariano Alcalá Pérez, de la provincia de Aragón. Pocos días más tarde -dice él-"me puse camino a la patria, después de una ausencia de treinta y un año y cinco meses en que por voluntad del cielo regí los destinos de la Orden en Roma". Durante su gobierno vio abrirse más de 40 conventos y la Orden quedaba con mil religiosos. Llevó a la diócesis de Ancud, como secretario, a su estimado colaborador, padre José Inglés Blasi, de la provincia de Aragón, quien lo acompañó hasta 1914, fecha en que ambos viajaron a la visita ad límina. Al regresar a su insular diócesis, esta vez hizo el viaje con su nuevo secretario, el mercedario mexicano padre José María Esparza, ex camaldulense, quien lo acompañó durante los últimos años de su gobierno en aquel obispado. En esta ocasión viajó, también, con él, como fiel camarero, inseparable compañero, cariñoso y simpático servidor y confidente, el religioso italiano, fray Francesco Cristofori, quien "no vaciló en venir al último rincón del mundo, a Ancud, para servirme con admirable cariño". Como obispo rigió su grey hasta el 22 de diciembre de 1916. Nombrado arzobispo titular de Gangra, por Benedicto XV, se retiró al convento de Santiago, dejando frente a la diócesis, mientras la Santa Sede nombraba a su sucesor, al fiel padre Esparza. En el convento santiaguino falleció el 10 de julio de 1922, acompañado hasta el fin por fray Francesco, quien, después de siete años de fiel servicio, regresó a Italia. El cuerpo de Monseñor Valenzuela yace en destacado lugar, en la basílica de la Merced de Santiago de Chile.

Sucesores del padre Valenzuela

Por decreto de la Sagrada Congregación de Religiosos, con fecha 3 de agosto de 1911, examinados los votos que enviaron los Provinciales y Delegados en sobres cerrados, fue elegido Maestro General de la Orden el padre Mariano Alcalá Pérez, que tomó posesión de su oficio el 24 de agosto de 1911. La misma Sagrada Congregación nombró también a los Consejeros que con el padre General formaron el nuevo gobierno de la Orden. Ellos fueron: Ramón Serratosa (Castilla); Armando Bonifaz (Perú), que renunció; Nicolás González (Argentina); Pedro Armengol Reyes (Chile); Cándido Schirillo (Italia), Procurador de la Orden; Francisco Gargallo (Aragón), Secretario General.

El padre Alcalá comenzó a actuar y entre sus inciativas hay que recordar la publicación del Boletín oficial de la Orden de la Merced, cuyo primer número salió en julio de 1912. Tuvo graves problemas como superior de la Orden. Las dificultades empezaron en y por el colegio de San Adrián. Allí funcionaba la Curia Provincial Romana, y al mismo tiempo  vivían los padres Asistentes Generales, que constituían el Consejo General. El padre Alcalá quiso separar el Colegio Generalicio de la provincia Romana, pero ésta no tenía otra casa en Roma. En los trámites hubo actitudes que llevaron a resultados imprevistos para todos. En el mes de septiembre de 1912 renuncian, ante la Sagrada Congregación, los Asistentes Generales americanos y el Procurador General. El 5 de noviembre de 1912, la Sagrada Congregación declara que no tiene valor la pertenencia de San Adrián a la provincia Romana y sólo es Colegio Generalicio, según el decreto del día 2 de agosto de 1785. Por la misma Sagrada Congregación, el 19 de diciembre de 1912, es disuelto el gobierno provincial romano y nombrado uno nuevo con otros religiosos. A petición de los mismos religiosos italianos, el día 15 de enero del año siguiente, la Sagrada Congregación nombra Visitador Apostólico para la provincia Romana al religioso francés padre Julio Sabaut, del Instituto de Betharan. Con decreto del día 29 de julio de 1913, cesa este religioso en el oficio, y es nombrado Visitador Apostólico para toda la Orden Dom Mauro Etcheverry, O.S.B. El Visitador Apostólico recorre las casas de Italia y, al final, con decreto del 29 noviembre 1913, la Sagrada Congregación nombra otro Gobierno Provincial. Continúa la visita apostólica en España, y por decreto de la Sagrada Congregación del 14 de marzo de 1914, el padre Mariano Alcalá es exonerado del Gobierno General, juntamente con el resto de los consejeros que le acompañaban. El mismo día es nombrado Vicario General de la Orden el padre Inocencio López Santamaría ad nutum Sanctae Sedis, continuando en su oficio el Visitador Apostólico.

El padre Inocencio López Santamaría, en nombre del Visitador Apostólico, el mismo año empieza la visita a las comunidades y provincias de América, que perdura hasta septiembre de 1916. Ya terminada la visita apostólica y autorizada la celebración del Capítulo General en 1919, el padre Inocencio López Santamaría es elegido Maestro General de la Orden hasta 1925.

El Capítulo General de 1925 eligió Maestro General al padre Juan del Carmelo Garrido Blanco, de la provincia Argentina. En una circular expone el programa de su gobierno, que será la vigilancia en el cumplimiento y en las realizaciones de los proyectos elaborados por el Capítulo, que estarán basados en la observancia de las Constituciones. El padre Garrido gobierna la Orden durante doce años.

Al padre Garrido Blanco le sucede el padre Alfredo Scotti, en 1937, cuando, por motivo de la guerra civil española no pudo celebrarse el Capítulo General. El padre Scotti tampoco pudo convocar Capítulo, por motivo de la segunda guerra mundial, hasta mayo de 1950. El lugar de reunión fue el convento San Pedro Nolasco, en Roma, contiguo a la Iglesia Argentina. El padre Scotti informa sobre el estado de la Orden en Europa: en España la guerra civil afectó gravemente a las provincias de Aragón y Castilla, en las que murieron 37 religiosos y fueron destruidos varios conventos. A lo que hay que añadir los daños causados por la segunda guerra mundial, también, en Italia.

Al Capítulo General de 1950, reunido en Roma el 5 de mayo, por el Maestro General Scotti, asisten 21 vocales y el Cardenal Protector de la Orden, Clemente Mícara. Es reelegido el padre Scotti. El Capítulo ve la necesidad de renovar las Constituciones. Los provinciales, en sus informes, hacen ver que la Orden mejora tanto en la vida de observancia como en la preparación de los religiosos. En España se han reparado las casas arruinadas por la guerra civil, y se trabaja con esmero en las nuevas fundaciones de Puerto Rico y Brasil.

El sucesor del padre Scotti, en 1956, fue el padre Sante Gattuso, que vivía en Le Roy, EE. UU. Por enfermedad no pudo venir a Roma y permaneció dos años en Norteamérica. En ausencia suya, fungía, como Vicario General, el padre Eugenio Marianecci. El padre General en la circular del 25 diciembre de 1956 exponía las líneas de su gobierno: incremento de la Orden, nuevas Constituciones y nueva sede para la curia general. En 1958, dada la ausencia de la autoridad, la Sagrada Congregación por medio de un decreto, de fecha 31 de mayo de 1958, deja como General de la Orden al padre Gattuso, y el Gobierno de la Orden lo confía al Consejo General, ad nutum Sanctae Sedis. El Consejo, entonces, elige al Asistente General ecuatoriano padre José Francisco Hinojosa, como Vicario General, que gobierna hasta mayo de 1959, año en que el Maestro General Sante Gattuso asume el cargo. La obra del Vicario General José Francisco Hinojosa con el Consejo General, puede sintetizarse en: nombramiento de una comisión para la redacción del proyecto de nuevas Constituciones, adquisición de una casa para la curia general en el barrio La Magliana, en Roma, después no considerada idónea, y fundación de un Colegio Internacional de Filosofia (CIF), en Argentina. Todo esto, anhelos manifestados en los Capítulos Generales, el padre Hinojosa y su Consejo lo hicieron realidad.

Al asumir el padre Gattuso, la Sagrada Congregación hace cesar las disposiciones de carácter provisorio. El padre Gattuso concluye su gobierno en 1962, interesándose en particular por dotar a la curia general de una nueva casa, pues el histórico convento de San Adrián había sido expropiado por el gobierno italiano, en 1924, debido a las excavaciones que se estaban efectuando en el Foro Romano. Con el dinero proveniente de esta expropiación, después de una tentativa de construcción en Viale Parioli, se compróel terreno de Torre Gaia, a 14 kilómetros de Roma. En este predio fue construida la nueva sede de la curia mercedaria, inaugurada el 14 de diciembre de 1965. En 1986 la casa del Maestro General de la Orden se vino más cerca del Vaticano, a un tranquilo sector arborado, en un entorno de numerosas casas religiosas de la via Monte Carmelo.

El Capítulo General, sexto después de la Restauración, se inició el 26 de abril de 1962. En él se aprobó el nuevo esquema de las Constituciones preparado bajo la dirección del Consejo General, después de 31 sesiones de estudio. La comisión capitular central estuvo formada por el padre General, y los padres Vicente Lodise, Ramón Iribarne y Lorenzo León Alvarado, mientras todos los demás capitulares formaban parte de las seis comisiones capitulares.

Al llegar el momento de la elección, tras varias votaciones, ninguno de los candidatos alcanzaba la mayoría constitucional para la elección del Maestro General. En estas circunstancias, el cardenal Mícara recibió un oficio del Prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos que decía: "La Sagrada Congregación de Religiosos, en vista del mayor bien de la Orden ruego a V. E. Rvma. en calidad de Presidente del Capítulo, notificar a los RR. padres Capitulares la siguiente disposición: Los Padres Capitulares reunidos en Capítulo procedan a otro escrutinio y cada uno escriba en la cédula el nombre de 3 diversos religiosos. Recogidos todos estos votos, sin que sean abiertos, sean enviados por V. E. a la Sagrada Congregación de Religiosos la cual procederá al escrutinio y, habidos los resultados de la votación, comunicará el nombre del Maestro General de la Orden".

En consideración de la situación intra Capitulum de los padres mercedarios, el mismo Prefecto de la Sagrada Congregación de Religiosos, con fecha 7 de junio de 1962, escribió al cardenal Mícara: "Esta Sagrada Congregación ha creído oportuno usar los resultados del escrutinio secreto efectuado para la elección de Maestro General para constituir el entero Gobierno de la Orden, con el fin de no atrasar la conclusión del mismo Capítulo. Se envía por tanto a V. E. Rvma. el Decreto adjunto con la misma fecha y número, rogándole que se digne darle ejecución en el día y hora que crea conveniente". El decreto adjunto dice: "P. Bernardo Navarro Allende, Maestro General; padre Sante Gattuso, Procurador General; padre Juan Parra, Asistente General; padre Luis Acquatías, Asistente General; padre Antonio Ibarrondo, Asistente General; padre Agustín Vega, Asistente General; padre Antonio Rubino, Secretario General". Los padres Juan Parra y Juan Ibarrondo renunciaron al oficio de asistente. La Sagrada Congregación nombró dos nuevos asistentes: los padres Pablo Mateo Conde y Eleuterio Alarcón Bejarano. Además, la Sagrada Congregación nombró Vicario General de la Orden al padre Sante Gattuso, quien era ya Procurador General.

Reforma de las Constituciones

Una de las preocupaciones de los gobiernos generales de la Orden en esta época fue la reforma de las Costituciones.

Las Constituciones Romanas comenzaron a ser cuestionadas en la Orden después de la promulgación del Derecho Canónico (1917). Esta crisis tuvo un caminar lento y ello se percibe a través de las opiniones de los Superiores mayores como también en los Capítulos Generales desde 1919. Este Capítulo, como el de 1925, se pronunció por mantener íntegramente las Constituciones Romanas en todo aquello que no debía sufrir ni corrección ni adición en razón de lo dispuesto por el Código y los Capítulos Generales.

El Capítulo General de 1931 pidió que se hiciera un compendio de las Constituciones para novicios y hermanos legos. Dos años después el padre José León Pérez Castro, gran latinista y Doctor en Teología, las tradujo del latín al castellano. Fueron publicadas en 1933 con el título de Compendio de las Constituciones de la Real y Militar Orden de los Redentores de la Bienaventurada Virgen María de la Merced. Además, el mismo Capítulo encomendó a la curia general la facultad de nombrar una comisión para adaptar las Constituciones a las normas del nuevo Codigo de Derecho Canónico y para hacer las correcciones y agregados oportunos de acuerdo a la nueva legislación eclesiástica. El padre Scotti solicitó al padre Luis del Sagrado  Corazón de Jesús Acquatías que redactara un proyecto de nuevas Constituciones, en 1948. El Capítulo General de 1950 rechazó el mencionado proyecto, a pesar de que su base eran las Constituciones Romanas. Este Capítulo General decidió dejar completo y absolutamente intacto el texto, intercalando entre paréntesis lo que era necesario modificar.

Siendo General el padre Sante Gattuso, en diciembre de 1956, envía una circular a toda la Orden donde toca el tema de las nuevas Constituciones. Dice que deberá nominarse una comisión que examine el nuevo texto de las Constituciones, haciendo las necesarias modificaciones de acuerdo con las disposiciones de la Santa Sede y del Derecho Canónico. El padre José Hinojosa nombró la Comisión redactora de las nuevas Constituciones, el 25 de junio de 1958, y la convocó para septiembre. Esta Comisión fue integrada por los padres Ramón Iribarne, de Argentina, Fernando López, de España, y Carlos Oviedo Cavada, de Chile. Bajo la dirección de la Curia, la Comisión inició sus trabajos el 3 de octubre de 1958. El Vicario padre Hinojosa ordena en toda la Orden una cruzada de oración y sacrificios por el trabajo que se iniciaba. La Comisión tendría que redactar también la Ratio Studiorum, según las normas de la Sedes Sapientiae.

Los miembros de la Comisión, expertos en Cánones, entregaron su trabajo el 3 de abril de 1959.

Nombrado Maestro General el padre Bernardo Navarro, para revisar el proyecto de las nuevas Constituciones, el 3 de noviembre de 1962, designó una comisión integrada por los padres Sante Gattuso, Eleuterio Alarcón y Antonio Rubino. A estos religiosos se les encomendó la revisión y ordenación del esquema, a fin de que, cuanto antes, se lo enviase a la Sagrada Congregación de Religiosos para su definitiva aprobación.

Sobre estas Constituciones, la Sagrada Congregación de Religiosos dictaminó: "Después de haber examinado atentamente las propuestas por V. Rvma. al Consejo General en contestación a las observaciones del Rvmo. padre Consultor relativas al nuevo texto de las Constituciones de la Orden, se autoriza la observancia hasta el próximo Capítulo General especial a celebrarse según norma del Motu Proprio Ecclesiae Sanctae del 6 de agosto de 1966". La aprobación lleva fecha 23 de diciembre de 1966. Las Constituciones en referencia, publicadas en 1967, tenían vigencia "ad tempus".

5. Actividades apostólicas de la Orden

Misión redentora

La Orden ha continuado dedicándose también al apostolado parroquial, que ha alcanzado un notable incremento en el presente siglo. Sin embargo, actualmente se esfuerza ejercitando actividades apostólicas que estén en mayor consonancia con el carisma mercedario.

En el Prólogo de las Constituciones Romanas se afirma "que éstas, en lo sustancial, son las mismas que hasta ahora ha profesado nuestra Orden."

El Vicario General padre Inocencio López Santamaría en una circular recoge lo que la Orden está haciendo: "colegios con abundantes frutos, los pobres y rudos en las misiones se evangelizan. Trabajan en las cárceles y visitan a los presos. Con la catequesis en todas partes se enseña a los niños. Cuidan de los niños abandonados".

En el Capítulo General de 1950 se inició la discusión sobre la significación actual de nuestro cuarto voto. El padre General exhortó a que algunos escribieran sobre este importante tema.

El padre Scotti, el 6 de mayo de 1951, envió una carta a los religiosos de la Orden invitándolos a hacer un profundo y serio estudio sobre los problemas vitales de la Orden y, en primer lugar acerca de la obligación, alcance y actuación de nuestro cuarto voto en los tiempos presentes. Agregaba: "nos atrevemos a indicar para su estudio el apostolado carcelario, como materia específica del ejercicio del cuarto voto en nuestros días".

En 1960, el padre General Sante Gattuso, en circular a toda la Orden, consideraba como "un hecho extraño y doloroso que el cuarto voto aparezca como una reliquia que no tiene razón de existir en nuestros tiempos y, por lo tanto, debería ser eliminado o limitarse su actividad a determinados campos". El padre General añadía a continuación: "el cuarto voto no se toca, nuestro Padre no limitó la acción redentora suya y de sus hijos a la redención de los cautivos cristianos sino que la extendió a actividades íntimamente ligadas al cuarto voto y necesarias para una más exacta y completa observancia del mismo." El y los santos mercedarios realizan obras misioneras".

Ante estas inquietudes manifestadas por los Padres Generales, la Orden sigue el instinto redentor y procura inyectar mercedarismo a sus diversas actividades apostólicas, buscando realizar su cuarto voto característico en la actualidad.

Benedicto XV, el 4 de abril de 1918, dirigió una carta al Vicario General, Inocencio López, donde, recordando al padre Gilabert, afirmaba que "ninguna obra de caridad fue ajena a la Orden". Después de recordar su gran devoción a la Santísima Virgen de la Merced, volvía por el cautiverio y decía: "los tiempos han cambiado, pero existe hoy otra cautividad peor, servitus animarum, errores, sectas que invaden". El papa Juan XXIII, por medio de una carta del secretario de Estado Domenico Tardini, el 23 de septiembre de 1960, escribía: "La Orden hereda una vasta y santa misión y continúa hoy en su trabajo con buen espíritu y generoso empeño". Y, citando a Benedicto XV, reafirmaba :"la esclavitud de hoy es más grande y peor que la de hace siete siglos".

En 1934, el padre Manuel Sancho, siguiendo la línea del padre Valenzuela, sostiene que la finalidad del cuarto voto se dirige a la salvación de las almas, que es el fin primordial. La redención del cuerpo sólo es medio para la redención y salvación de las almas. Compara la redención de cautivos con las prácticas de caridad que hoy realiza la Orden. Resume su pensamiento diciendo: la esencia del voto subsiste y por esto subsiste la Orden.

En la segunda mitad del siglo, se comenzó a estudiar con nuevos ojos el histórico cuarto voto de la Merced, y aparecieron luminosas investigaciones al respecto.

En 1951, el padre Juan B. Herrada Armijo presenta su tesis doctoral en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile que titula El cuarto voto de redención en la Orden de la Merced. El autor afirma que este voto no ha sido estudiado como merece ni en su aspecto histórico ni en el teológico, si bien ha habido estudios muy importantes. En su obra confiesa el padre Herrada que ha tomado en cuenta dos cosas: "trazar a grandes rasgos la evolución histórica del cuarto voto y adentrar en la naturaleza del mismo para ver su alcance teológico, los principales predicados y las conclusiones de orden jurídico - moral que de él se derivan".

Tras él, cronológicamente, la Orden se enriquece con los nuevos aportes de los autores: Bienvenido Lahoz, El voto de sangre y el marianismo mercedario, (1952); Carlos Oviedo Cavada, Materia del voto de redención, (1955); Mario Tallei, Puntos de vista sobre nuestro cuarto voto de redención, (1956); Jerónimo López, En torno al cuarto voto mercedario, (1956); Denise Aimé-Azam, Le quatrièm voeu: Notre Dame de la Merci et les captifs, (Paris-Genève 1958); Antonio Rubino, L'Ordine della Mercede e il voto di redenzione, (1961); Joaquín Millán, El voto mercedario de dar la vida por los cautivos cristianos, (1975); Eleuterio Alarcón Bejarano, El cuarto voto, (1975), y Pío Pablo Donnelly, El cuarto voto, (1978).

Buscando cómo realizar prácticamente en la actualidad el cuarto voto de redención, han surgido entre los mercedarios una serie de iniciativas que se han orientado a la realización de obras en beneficio del prójimo.

El padre Eugenio Marianecci, de la provincia romana, realiza un intento en íntima comunión con el espíritu del cuarto voto fundando en Roma, en 1949, La Pía Unión de Oraciones a la Santísima Virgen de la Merced por los que sufren, por su fe, bajo el dominio de los regímenes comunistas. Después de la encíclica de Pío XII, Ingruentium Malorum, de 1951, esta iniciativa fue aprobada canónicamente por el Vicariato de Roma y bendecida por el Santo Padre. El padre Alfredo Scotti hizo extensiva esta obra a toda la Orden, en carta del 13 de noviembre de 1952.

En 1963, el p. Pío Pablo Donnelly inició en Roma un movimiento en favor de la Iglesia del Silencio, despertando gran entusiasmo en la Orden, que él visitó con esta finalidad. Este movimiento dio origen a la institución, por el padre Maestro General Bernardo Navarro Allende, de la Cruzada Internacional de Caridad Mercedaria, en 1964.

Estas dos experiencias sobre la misión redentora son y tienen en común lo siguiente: surgen de los signos de los tiempos, que coinciden con la inquietud de la Orden por canalizar las fuerzas maternas de la Merced; ambas provienen de la oración por los cautivos cristianos prisioneros de la segunda guerra mundial. La respuesta fue unánime de todas las provincias.

Apostolado de la educación

La enseñanza como apostolado entra en la legislación de la Orden con el Capítulo General de 1817, que manda abrir escuelas, especialmente para los niños pobres. Pero esta preocupación ya la ejercieron los mercedarios desde que trabajaron en las Doctrinas entre los siglos XVI y XVIII, incluyendo la Independencia y la República. Los mercedarios de América tenían una añosa experiencia pedagógica y fue uno de los valores que incorporó en las Constituciones Romanas el padre Valenzuela.

Respecto a los Capítulos Generales, son pocos los que se preocupan de la educación. Así, el de 1919 tiene dos acuerdos que, con los años, van a dar frutos en algunas provincias. Uno dice: "Desea el Capítulo que nuestros estudiantes que se inclinan por la enseñanza estudien al menos un año la pedagogía teórica y práctica". Además exige que "en cada convento se abran escuelas donde sean educados los pobres". Esta preocupación aflora del deber de vivir el espíritu redentor. Muchas cosas positivas han surgido para la Orden, también para los educandos, espiritual, social e intelectualmente.

La enseñanza que realiza la Orden como actividad pedagógica se desarrolla a través de colegios, numerosas escuelas e institutos de enseñanza técnica especializada.

Misiones

De esta actividad de la Orden se habla en las Constituciones y la vida de la Orden, con su acción en América, amplía la realidad de su finalidad. Tomaron parte en estos anhelos misioneros de la Orden, con sus escritos e iniciativas, los Pontífices Benedicto XV, quien dio un gran impulso al apostolado católico en el mundo; Pío XI y Pío XII dieron un considerable aliento a las misiones y al clero indígena.

En el Capítulo General de 1931, se vio la conveniencia de que la Orden se dedicase más intensamente a las misiones entre infieles.

En 1920, el padre Inocencio López Santa María, aceptó para la Orden la Prelatura de Bom Jesus de Piauí, y propuso a la Santa Sede al padre Pascual Miguel, que fungía de Provincial de México. Este religioso fue gran apóstol y sacrificado pastor de su prelatura. Supo afrontar la pobreza, las adversidades climáticas y la gran escasez de sacerdotes para el Piauí, pobre también espiritualmente.

El padre General Garrido propuso al padre Ramón Harrison para la prelatura acéfala del Piauí. El 12 de noviembre de 1926 fue nombrado obispo Titular de Podalia y Prelado Nullius del Piauí. El 1 de mayo de 1927, fue consagrado obispo en la Basílica de la Merced de Santiago, por el Sr. Nuncio Apostólico Aloisi Masella. Tomó posesión de la prelatura el 2 de octubre de 1927. El clima afectó su salud y gravemente enfermo, debió renunciar, en 1928.

La prelatura pasó casi 3 años sin obispo. Pío XI designó al ex General de la Orden, padre Inocencio López Santamaría, titular de Trebenna y prelado de Bom Jesus del Piauí. Se consagró obispo el 31 de agosto de 1930 en la Iglesia del convento de Poio. El día 5 de enero de 1931 llegó a Río de Janeiro, y, después de 4 meses, arribó a su destino. El padre López trabajó con mucho sacrificio y esfuerzo: pastoralmente se preocupó de formar sacerdotes y colaboró en la fundación de la congregación de las Hermanas Mercedarias Misioneras del Brasil.

El año 1950, pidió al Capítulo General reunido en Roma "que la Misión fuera entregada in perpetuum a alguna provincia". El Capítulo determinó confiarla a la provincia de Castilla.

El 17 de diciembre de 1961, el Santo Padre Juan XXIII la dividió y creó la Prelatura Misión de San Ramón situada el sur este de Piauí. Fue su primer obispo el mercedario padre Amadeo González Ferreiros, (1963).

Las misiones interiores fueron durante el siglo XX realizadas por las provincias; con ello estaban viviendo el precepto de las Constituciones. Por el año 1923 la provincia de Ecuador ha iniciado las misiones de Manabí. Jipijapa en esa época tenía una superficie de 2.400 Km2 y una población de 70.000 habitantes. Los mercedarios fundaron en ese vasto territorio de Manabí parroquias de misión: Jipijapa, Sucre, Paján y Puerto López, todas servidas por los religiosos ecuatorianos y con buena proyección social hacia la comunidad.

Apostolado Penitenciario

En el transcurso del siglo hubo en las provincias algunos religiosos que desarrollaron un apostolado en los lugares de reclusión, especialmente en América. Eran los capellanes que llevaban el auxilio religioso traducido en las Misas dominicales y en misiones cada cierto tiempo. La Orden Tercera fue gran colaboradora en este apostolado dentro y fuera de los recintos penales.

El Capítulo General de 1950, a través de la Comisión de Apostolado recomendó que el principal trabajo de nuestros religiosos debe ser: "Evangelizar a los pobres, llevar el alivio a las personas abrumadas por problemas del alma, visitar a los encarcelados, prestar asistencia y ayuda a los carenciados que viven en los suburbios de las ciudades, porque Nuestro Señor vino a buscar a los pecadores y necesitados."

En la provincia de Aragón, el insigne padre Bienvenido Lahoz fue el carismático iniciador del apostolado penitenciario como servicio redentor al marginado, en consonancia con el espíritu de la Orden de la Merced. Durante 20 años (desde 1939 hasta 1959), atendió a los reclusos de la Cárcel Modelo de Barcelona, como capellán de primera clase; fundó en Barcelona (1941) la Pía Unión Obra Redentora de nuestra Señora de la Merced Pro Presos; y creó, en 1945, la revista Obra Mercedaria, órgano de dicha Pía Unión y la única revista entonces, en España, dedicada al apostolado penitenciario. Siguiendo sus huellas y ejemplo, ejercieron de capellanes de prisiones, en el período 1939-1965, los padres Angel Millán y Francisco Reñé, en Barcelona, y los padres Manuel Gargallo e Ignacio Ibarlucea, en Venezuela.

En Palma de Mallorca, la provincia de Aragón funda la Pía Unión Obra Redentora de Nuestra Señora de la Merced pro presos.

El año 1952, el padre Ramón Eugenio Coo Baeza se desempeña como capellán en la Penitenciaría de Santiago (Chile). Es secundado por la Orden Tercera Mercedaria. En 1953 funda el Hogar San Pedro Armengol, dedicado a rehabilitar a menores que habían delinquido.

En Italia desde el año 1934, funcionó en Napoli el Asistenciario de Ex Reos, que permaneció hasta el final de la segunda guerra, cuando fue destruido por una bomba. Después de la guerra el padre Ovidio Serafini inició en la provincia un movimiento de opinión y acción social a favor de los necesitados, secundado por el Provincial, padre Domenico Maldarizzi. La provincia Romana en San Felice Circeo, en 1950, inicia la experiencia con hijos de encarcelados. También tomó, desde 1956, en Firenze, la dirección del Asistenciario para los liberados de la cárcel, llamado O.A.S.I.,(Opera Asistenza Scarcerati Italiani). De Firenze se extendió a Padova, y con el tiempo esta obra se ha expandido por otras partes de Italia.

Siguiendo las manifestaciones acerca del problema carcelario y la cronología de su desarrollo, el padre Ramón Coo, Capellán General de Prisiones de Chile, en 1958, organiza el primer Congreso Latinoamericano de Estudios Penitenciarios. El citado evento tuvo como sede Santiago de Chile y asistieron por la Orden delegados de Argentina, Venezuela y Chile. El mismo año 1958 fundó el Movimiento Penitenciario Latinoamericano.

El movimiento carcelario continuó en otras latitudes de América Latina: el año 1962, en Caracas realizan los mercedarios de la provincia de Aragón su Primera Asamblea General de Capellanes de Prisiones de Venezuela. Organiza la Asamblea el padre Guillermo Ripoll, Capellán General de Cárceles de Venezuela. El movimiento en favor de los reclusos por parte de las provincias ha continuado después de 1963; incluso hay una provincia de la Orden que hizo opción prioritaria y "apostolado primordial", según los Estatutos, de trabajar a favor de los presos, tal es la provincia de Aragón.

Obras de promoción humana y social

Todas las provincias de la Orden se han empeñado en obras específicas de apostolado, con las que creen expresar y realizar de algún modo el carisma redentor mercedario.

Aragón: las obras sociales de esta provincia están en la línea de su opción: las cárceles. De aquí surgen: Obra pro hijos de presos (1967); Servicio mercedario de reinserción social; Obra social de alojamiento juvenil; Obra de integración social; Obra seglar mercedaria; Obra redentora de la esclavitud de Nuestra Señora de la Merced pro presos; Pía unión pro presos en Palma de Mallorca, filial de Barcelona.

Castilla: en lo que respecta al tema en cuestión, la provincia sostiene la Obra Redentora de colaboración con la Iglesia del Silencio. Servicio de recuperación de jóvenes marginados en colaboración con las Juntas de Menores de Ciudad Real, Olivenza y San Sebastián. En Brasil (Pituba), realizan cursos de artes domésticas, alfabetización de adultos, club de madres, cursos de promoción humana y social en Sao Paulo. En Bolivia (La Paz) crean los religiosos la cooperativa La Redentora, dispensario médico, cursos de alfabetización. Han trabajado los religiosos en tierra de misiones en la promoción humana (Burundi) y también con los exiliados cubanos en EE.UU. en la casa de Lake Placid (Florida), fundada el año 1969.

Perú: atiende algunos barrios pobres, por ejemplo, Santa Rosa y Miguel Grau. En el Cuzco tuvieron una bonita experiencia con el Centro de experimentación agrícola Cayo Topa Ynca en Huaypo Grande desde 1966 a 1971. Dejó de existir ese año cuando el gobierno aplicó la Reforma Agraria y la Orden perdió esos predios. En el Santuario de Huanca se viene realizando una muy bien organizada obra de asistencia social a favor de la gente campesina y de los niños. Fuera del servicio de algunos a cárceles, los religiosos buscan la acción entre los más pobres.

Chile: la provincia de Chile, ha desarrollado su actividad carcelaria y hospitalaria. La comunidad de Concepción se ha caracterizado por la promoción humana: Centro de madres obreras; Centro obrero; Centro de empleadas de casa particular; Juventud obrera católica (J.O.C.); Policlínico San Ramón. Cabe destacar el apostolado de aquella comunidad en la persona del padre Luis Borgoño en el barrio Aguas Negras, San Ramón, zona marginal de Concepción. El año 1918, en Santiago, el padre Pedro Armengol Undurraga V. funda en la marginalidad la Casa del Pueblo Nº 2, enseguida el Patronato San Ramón con todo el apoyo que recibió de los socios ex alumnos del Colegio San Pedro Nolasco y de la Orden Tercera. La Escuela Agrícola el Divino Maestro, fundada en 1957, adquirida por la Comunidad del convento máximo, funcionó para dar título de Práctico Agrícola a los jóvenes. Esta Escuela desaparece hacia 1970. El Hogar San Pedro Armengol, fundado en 1953 por el padre Ramón Coo Baeza, tuvo la finalidad de ser un centro de readaptación de menores delincuentes y prevención del delito. La provincia actualmente tiene dos hogares en Santiago; son de régimen abierto. Su mantenimiento lo proporciona la comunidad provincial a través de la caja de administración económica centralizada.

Argentina: esta provincia ha sido bastante sensible a los problemas sociales y humanos: en la Basílica de Buenos Aires existen la Liga de Madres, Dispensario y el abnegado grupo de la Conferencia vicentina. En el convento de Concordia hay talleres escolares y dispensario. En 1970 funda la provincia el Centro Social León XIII, en Rivera Indarte, junto al Estudiantado.Y luego un consultorio médico odontológico en 1971 y da asistencia integral al penado.

Romana: diversas son las actividades en orden a la promoción humana que ha desarrollado la provincia. En San Felice Circeo ha creado un centro de asistencia en favor de los hijos de los encarcelados y necesitados con un instituto profesional de adiestramiento para ajustadores mecánicos, marmolistas, ebanistas, electricistas, etc. En Firenze continúa la actividad educativa y asistencial en el OASI, en el Centro Mercede y en el Centro Comunitario Don Zeno Saltini, en favor de los liberados de las cárceles o de jóvenes en estado de abandono, de delincuentes y marginados sociales. Para ellos se han constituido las Cooperativas sociales "El Cenáculo" y "Cada día". Como prolongación de esta asistencia, ha nacido en San  Felice Circeo el Centro P. Ovidio Serafini. En el mismo lugar se ha establecido, además, la" Cooperativa Agrícola P. Ovidio". En Padova la actividad de asistencia social a ex presos, semilibres y marginados se realiza a través de la cooperativa "Mercede". Según el estatuto de la OASI de Padova, se busca evangelizar al marginado, sensibilizar al entorno, promover la solidaridad y la cultura, y buscar y experimentar soluciones prácticas en el campo de la marginalidad.  En Palermo, los religiosos tienen una casa de acogida a los menores salidos de la cárcel, llamada Comunidad Nazaret.   En Napoli los mercedarios atienden el Hospital Psiquiátrico o manicomio. Varios religiosos son capellanes de las cárceles. En otras casas, ya sea a través de la Orden Tercera o de la Conferencia Vicentina, se  otorga ayuda a los pobres, se  distribuye ropa y se les da asistencia a los ancianos.

Ecuador: hay religiosos que trabajan en cárceles y, sobre todo, desarrollan una acción misionera a través de la cual realizan la promoción humana en la provincia de Manabí.

México:la actividad primordial de esta provincia se encuentra en el ministerio de las parroquias y capellanías. Los Padres mexicanos dan misiones populares. Como la religiosidad es grande, la fe tiene allí muchos medios para crecer. Trabajan también en cárceles, tanto dentro como fuera con los reclusos. Existe en ciudad de México una casa familiar, llamada "Villa Nolasco", para niños abandonados y necesitados.

6. Formación de los religiosos y desarrollo cultural

Formación de los religiosos

Las Constituciones Romanas recomiendan el Postulantado antes del noviciado. Los postulantes, en un ambiente adecuado, deben aprender el temor de Dios y continuar sus estudios. El ingreso al noviciado es un momento cuasi determinante para el que se siente llamado.

El fin del noviciado es la educación religiosa; es el período de formación en que se le proporcionan al futuro religioso los elementos básicos de su vida espiritual como mercedario. Se recomienda el conocimiento de la historia de la Orden para que los novicios sepan por qué han elegido el camino mercedario para santificarse.

Dada la importancia fundamental que tiene la oración en la vida del consagrado, el maestro debe enseñarles a orar mental y vocalmente, así como a hacer el examen de conciencia, e inculcarles el amor a María. El novicio, realizado su año de experiencia religiosa, emite los votos.

La formación inicial continúa en el coristado o estudiantado. El deber del maestro de estudiantes o coristas, es llevar a la perfección la educación religiosa iniciada en el noviciado y profundizar el conocimiento de la Regla y Constituciones. Fuera de las prácticas espirituales programadas en el Estudiantado, no participarán en otras devociones.

La vida del estudiante está condensada en esta frase: "se dedicarán al estudio en alguna casa sin descuidar el amor de las cosas espirituales".

En el estudiantado los profesos se deben preocupar del estudio de las Letras y deben llegar a tener pericia en: idiomas, filosofía, teología, historia eclesiástica, derecho canónico, Sagrada Escritura y liturgia. Los estudiantes deben poner gran empeño y diligencia en los estudios, emplear todo el tiempo concedido en aprender y meditar, oír explicaciones del profesor, anotar y repasar lo oído, pues, es voluntad de Dios y de la Orden que no se preocupen de otra cosa en el tiempo de estudio. El superior debe remover todos los obstáculos que perjudiquen el estudio. También debe velar para que la biblioteca del colegio o seminario esté bien provista y pueda servir a profesores y estudiantes.

La preocupación de los superiores mayores para lograr una mejor formación de los religiosos se aprecia en algunas determinaciones.

El Capítulo General de 1931 manifiesta la necesidad de erigir el Colegio Internacional para formar en la piedad y en las letras a los estudiantes. También ordena que los estudiantes reciban un curso completo de Mariología y durante un año al menos un curso de historia de la Orden.

El Capítulo General de 1950 a través de su Comisión de estudios recomendaba: "a) en la enseñanza primaria y secundaria se adopten los programas oficiales; b) antes de la filosofía, agréguense los estudios de humanidades clásicas; c) periódicamente asistan a las Universidades Pontificias; d) los sacerdotes jóvenes sean enviados a las Universidades Civiles".

Desde que desapareció el Colegio de san Adrián, fueron permanentes las aspiraciones de la Orden de tener un colegio internacional a donde concurrieran sus estudiantes para formarse religiosa e intelectualmente.

Para satisfacer, en parte, estas aspiraciones el Vicario General de la Orden, padre José Francisco Hinojosa, juntamente con su Consejo, el 15 de diciembre de 1958, decide erigir el Colegio Internacional de Filosofía, en el colegio León XIII de la provincia argentina, en Rivera Indarte (Córdoba). Por el momento debían asistir los estudiantes de las provincias de México, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Fue nombrado rector el padre Elpidio Orellano, maestro de coristas el padre Germán García Suárez y regente de estudios el padre Teodoro Scrosatti. Muchas fueron las esperanzas en esta primera experiencia de un trabajo común y compartido. Pero, por desdicha, el nuevo gobierno general, estimó conveniente suprimir el Colegio. Los estudiantes tuvieron que volver a sus respectivos países.

Otro instrumento nuevo y valioso para la formación de los religiosos de la Orden fue la Ratio institutionis et studiorum. La constitución apostólica Sedes sapientiae, del 31 de mayo de 1956, fue un elemento valiosísimo que el sabio Pontífice Pío XII entregó especialmente a las familias religiosas y que a la Merced le sirvió fundamentalmente para orientar la elaboración de sus normas en que se señalan los principios para la formación y régimen de estudios de los religiosos formandos.

La redacción de la Ratio mercedaria fue encomendada a los padres Carlos Oviedo Cavada, de la provincia de Chile, y Fernando López, de la provincia de Castilla.

La Ratio es una verdadera legislación en materia de formación y estudios; al mismo tiempo es un instrumento de renovación interior para formar a la juventud. Abarca todas las etapas de la formación, desde el postulantado a la tercera probación, y todos los planes de estudios, religioso, clerical y apostólico.

La Ratio Studiorum está redactada dentro del espíritu de la Sedes sapientiae y de los Statuta generalia. Los cinco primeros años de sacerdocio se terminan con el segundo noviciado; ha sido concebido en forma de breve e intenso cursillo que dura como mínimo tres meses. Exige la Ratio que el cursillo se haga en cuanto sea posible en alguna Casa de Formación, donde hay recogimiento, estudio y oración.

La Sagrada Congregación de Religiosos, el 24 de mayo de 1960, las aprobó cum laude, ad experimentum por tres años.

Desarrollo cultural

Siguiendo una tradición constante, la Orden se ha preocupado por promover la especialización de sus religiosos ya ordenados sacerdotes, en las diversas ramas del saber, particularmente en las ciencias sagradas. Para ello han frecuentado Universidades o Institutos de investigación tanto eclesiásticos como civiles, en el propio país o en el extranjero.

Los religiosos así preparados se han dedicado principalmente a la enseñanza universitaria, ocupando diversas cátedras, donde han logrado prestigio y han señalado un sendero en la promoción de la cultura. Aunque viene de muy lejos, hay que destacar que, a partir del segundo tercio de este siglo, el profesorado mercedario en la Universidad de Salamanca ha sido numeroso y ha ocupado destacado lugar. Distinguidos profesores han ilustrado sus aulas y hoy lo siguen haciendo.

Muchos de estos docentes y otros religiosos se dedicaron a la investigación y a la reflexión, cuyos resultados han sido dados a la imprenta. Algunos de ellos, poquísimos, se nombran a continuación: Martín Ortúzar, profesor de Salamanca, ha expuesto su pensamiento, siguiendo a santo Tomás, en varias publicaciones: El ser y la acción en la dimensión humana, (Madrid 1961), Prenotandos del conocimiento natural de Dios, (Madrid 1962), y cantidad de artículos publicados principalmente en la revista Estudios. Bienvenido Lahoz, sin ser profesor universitario, ha cultivado con profundidad la teología y la filosofía, mostrando rasgos de verdadera originalidad en su pensamiento; algo de su producción es: Hacia un nuevo orden racional, (Madrid 1951-1952), La actividad divina ad intra, (Madrid 1952-1953) y El destino humano y el realismo introspectivo, (Madrid 1963). Vicente Muñoz, con perfeccionamiento en Universidades de Europa y América, docente en Salamanca, se ha consagrado principalmente al estudio de la lógica en la que ha adquirido muy bien merecido prestigio internacional. Ha escrito Lógica matemática y lógica filosófica, (Madrid 1961), De la axiomática a los sistemas formales, (Madrid 1961), La lógica nominalista en Salamanca, (Madrid 1964). Merece atención el esmero con que difundió el pensamiento teológico y filosófico de los mercedarios, así como el estudio de sus instituciones culturales en nutridos trabajos históricos: Obra teológica del P. Jerónimo Pérez, (Madrid 1962), La obra lógica de Pedro de la Serna, (Madrid 1966), y Los mercedarios en el Perú durante el período español, (Salamanca 1986).

Otros catedráticos han ejercido su magisterio en Universidades civiles: Víctor M. Barriga, en la Universidad nacional de Arequipa enseñó latín y paleografía; Manuel Orellano, enseñó filosofía en la Universidad de Córdoba; Eleuterio Alarcón enseñó Derecho en la Universidad Santa María de Arequipa. En la Universidad Católica de Chile, donde se formaron, desempeñaron cátedras: Monseñor Carlos Oviedo Cavada, Decano de la Facultad de Teología y profesor de Derecho; y monseñor Juan B. Herrada Armijo, profesor de Teología. El hermano Serapio Flaminio Ruiz, profesor en el Colegio San Pedro Nolasco de Santiago, fue destacado entomólogo, que publicó el fruto de sus investigaciones en diversas revistas científicas nacionales y extranjeras. Investigadores acuciosos y divulgadores de la historia mercedaria argentina fueron los padres Eudoxio Palacio y José Brunet.

Hitos importantes en el desarrollo cultural de la Merced, sobre todo en el campo teológico, ha sido la participación numerosa y cualificada en los Congresos mariológicos celebrados en Roma en 1950 y 1954 en honor de la Inmaculada Concepción, donde los mercedarios expusieron su pensamiento sobre los privilegios de la Virgen María en eruditos trabajos, que constituyen el volumen VII de Alma socia Christi y los dos volúmenes de La Inmaculada y la Merced.

El enciclopédico fraile que albergaba la peculiar personalidad del P. Pedro Armengol Valenzuela, tiene aquí su merecido espacio. Finalizada su labor restauradora de la Orden y su misión pastoral en la diócesis ancuditana, retirado, como arzobispo titular de Gangra, a su convento santiaguino, el políglota se dedicó a la pasión de su juventud: los idiomas. La Universidad de Chile le publicó en 1918, su Glosario etimológico, diccionario araucano y de otras lenguas aborígenes americanas más usadas, en dos volúmenes de 500 páginas cada uno. Además dejó inédito su Ensayo de filología Americana comparada, para contribuir a la tesis de la Monogénesis del lenguaje y de la especie humana. Este trabajo consta de dos partes, la primera terminada y la segunda inconclusa. Trabajando en ella le sorprendió la muerte.

Ultimamente los mercedarios de Castilla han organizado un Congreso en el que religiosos españoles han presentado trabajos sobre la presencia mercedaria en América. El Instituto Histórico de la Orden realizó en Santiago de Chile, el Congreso sobre los mercedarios en América, en el que participaron, además de los miembros del Instituto, religiosos, religiosas e intelectuales de Universidades latinoamericanas.

Estudios históricos

En la Orden siempre hubo religiosos que cultivaron con dedicación la historia. Ellos son los que han transmitido a las nuevas generaciones el abundante caudal mercedario que hoy es fuente fidedigna de los más recientes estudios de la historia de la Orden. Tal vez faltó una motivación y organización oficiales, ya que cada historiador actuó movido por vocación y por amor a su Orden.

En este siglo, la preocupación por conocer la historia de la Merced se ha ido acentuando constantemente. Con motivo de las celebraciones del séptimo Centenario de la fundación de la Orden, y a partir de él, surgió un grupo de estudiosos e investigadores en todas las provincias que trabajaron con dedicación y empeño en la búsqueda, análisis y publicación de las fuentes para la historia de la Orden.

Los orígenes de la Merced debían ser estudiados en las fuentes originales y auténticas. Se distinguió en ello el padre Faustino Gazulla que, luego de largas investigaciones, publicó Orden de nuestra Señora de la Merced. Estudios histórico-críticos (1934), La redención de cautivos en Africa (1934), Refutación de un libro titulado "San Raimundo de Peñafort fundador de la Orden de la Merced" (1920). Importante es el Manual de historia de la Orden de nuestra Señora de la Merced (1931), del padre Guillermo Vázquez Núñez, cuyo segundo tomo por desdicha se perdió casi íntegramente ya en la tipografía, durante la guerra civil española. Este autor escribió también varias monografías históricas sobre personajes o hechos de la Orden.

Hay que nombrar también aquí al padre Ramón Serratosa Queralt (+1961), como impulsor de la historiografía crítica contemporánea, en las provincias de Aragón y Castilla; con sus escritos, publicados unos e inéditos los más, y por las orientaciones y ayudas que de él recibieron los padres Gazulla Galve y Vázquez Núñez.

En lo que respecta a la historia mercedaria en América, sobre todo en el primer momento, merece destacarse la obra del padre Pedro Nolasco Pérez Rodríguez, que como fruto de sus investigaciones en el Archivo de Indias, publicó Religiosos de la Orden de la Merced que pasaron a América (1924) e Historia de las misiones mercedarias en América (1966), además de otros trabajos histórico mercedarios. El padre Policarpo Gazulla Galve edita Los primeros mercedarios en Chile, en 1918. Por otra parte, el padre Víctor Barriga, destacado investigador, publicó Los mercedarios en el Perú en el siglo XVI (1931-1954), en 5 volúmenes, y Mercedarios ilustres en el Perú (1943-1949), en 2 volúmenes, juntamente con otras obras históricas. El padre Joel Leonidas Monroy también dio a luz El convento de la Merced de Quito (1935-1943) en tres volúmenes, y otras obras sobre historia de la Merced en Ecuador. En Argentina el padre Bernardino Toledo imprimió la Historia de la provincia de Santa Bárbara del Tucumán, 1594-1918 (1919-1921), en tres volúmenes.

En todas las provincias la celebración del séptimo Centenario de la fundación de la Orden fue ocasión para que se publicaran libros conmemorativos, monografías y artículos de diversa índole que tocaban la historia, espiritualidad, y hagiografía de la Merced. Del mismo carácter fueron las publicaciones con motivo de la coronación canónica de las imágenes de la Virgen de la Merced en diversos países.

Hay que señalar la Bibliografía mercedaria (1963-1968) que, en tres volúmenes, dio a la imprenta el padre Gumersindo Placer. Se recogen en ella las obras escritas por mercedarios o que sobre la Merced escribieron otros autores.

Valioso auxiliar para la historia de la Orden es el Bulario Mercedario del siglo XIX, obra de 624 páginas, publicada en 1974, en Santiago de Chile, por el arzobispo mercedario fray Carlos Oviedo Cavada, hoy Cardenal de la Santa Iglesia.

El tema litúrgico-hagiográfico ha sido objeto de estudios y diversas publicaciones; las vidas de los santos de la Orden han ocupado constantemente la pluma de distinguidos escritores. En el tema devocional los autores más representativos son los padres Francisco Sulis, Serapio González Gallego, Pedro Liñán de Ariza, Serapio María Niubó Puig, Heraclio Pérez Mujica, Carlos Reyes, Emilio Silva Castro, José María Romo y Miguel Luis Ríos Meza.

El padre Amerio Sancho Blanco escribió el Menologium Ordinis Beatae Mariae Virginis de Mercede redemptionis captivorum (1925), donde se consignan, para ejemplo de las futuras generaciones, la memoria de santos varones y mujeres que sobresalieron en doctrina y santidad.

Revistas

Existían en la Orden circulando desde fines del siglo XIX numerosas publicaciones periódicas. Las más conocidas son las siguientes: Revista mercedaria y Dios y Patria en Argentina. Los hijos de María (1904) y Senderos en Chile. Alborada mercedaria (1918) en Arequipa, y Lumen en Lima; La Merced en Ecuador y Vida terciaria en México.

En Italia, desde 1908 se publica L'Eco di Bonaria y en 1947 aparece Redenzione, revista que trata de problemas sociales. En 1954 inicia su publicación La Mercede. En España aparecen Obra mercedaria y San Ramón y su santuario, editadas por la provincia de Aragón. La provincia de Castilla publica La Merced y desde 1945, Estudios, revista dedicada a tratar temas de la cultura contemporánea.

7. Expansión de la Orden y nuevas pruebas

Nuevas fundaciones y estado de la Orden

La provincia de Castilla, desde el año 1920, se extendió en Brasil y hasta el presente ha fundado ocho casas en aquel extenso territorio. La provincia de Aragón inició en 1927 la presencia mercedaria en Puerto Rico; la fundación pasó en 1929 a la provincia de Castilla, la que se ha expandido en la isla con siete casas.

La provincia Romana, después de una tentativa de fundar en Canadá, con los religiosos que dejaron México, en 1921 fundó la primera residencia mercedaria en Youngstown y después pasaron a Cleveland, Estados Unidos, donde en el presente tiene cinco casas.

Después de ochenta años de ausencia mercedaria en Venezuela, en 1955 la provincia de Aragón se ha hecho presente de nuevo en esas tierras, donde actualmente tiene cinco casas.

El año 1962, tras 133 años de ausencia forzada, la Orden de la Merced volvió a Guatemala. La primera comunidad la formaban el p. José María Fabián y fray Celso Leal, de la provincia de Aragón. Al poco tiempo se les unió el p.Ignacio Zúñiga Corres. Desde el inicio se ocuparon de la Penitenciaría Central de Guatemala.

En el período postbélico hubo un aumento de personal en la Orden y las provincias fundaron varias casas en el territorio de su propia nación.

En Argentina se formó la viceprovincia de Nuestra Señora de Buenos Aires con los conventos de Mendoza, Maipú y Buenos Aires en 1931, bajo el gobierno del padre General Garrido. En Chile existía desde el gobierno del padre Valenzuela la viceprovincia de la Santísima Concepción con tres conventos. El año 1953, a petición del Procurador de la Orden, la Sagrada Congregación de Religiosos eliminó todas las viceprovincias uniéndolas a las respectivas provincias.

En el año 1954, según informe publicado en el Boletín de la Orden, había ocho provincias: postulantes 604; novicios 61; profesos simples 184; profesos solemnes 82; novicios legos 16; profesos simples legos 37; profesos solemnes legos 82; sacerdotes 440; parroquias 45; colegios secundarios 15; escuelas 45.

Al terminar el Concilio en 1965, la Orden estaba extendida en 16 naciones con 133 casas, y su personal religioso era el siguiente: postulantes 653; novicios 65; profesos simples 223; profesos solemnes legos 132; sacerdotes 603.

Persecución religiosa de México

Desde 1911 a 1932 no hubo paz y la vida religiosa en México se tornó impracticable. La revolución mexicana se distinguió por su carácter implacable, sanguinario, de saqueo y de muerte. En este tiempo hubo clérigos que si no fueron expulsados, murieron ahorcados, fusilados o bien desaparecidos. Incluso miles de personas del pueblo mexicano fueron asesinadas: fue una situación de verdadero martirio en México.

En 1920 ya se habían perdido las casas de Lagos de Moreno, Celaya y Querétaro. Los conventos fueron saqueados, transformados en escuelas, cuarteles, caballerizas y los archivos incendiados. Así se perdieron muchos otros conventos. En esta situación de inseguridad y amenaza el padre Alfredo Scotti tuvo que ocultarse y hasta cambió su nombre por el de Antonio Sánchez.

En 1921, el General le pide al padre Scotti que se vaya de México a Toronto, por la situación del país. El opta por continuar en México y se le nombra Vicario Provincial.

Había misiones, y los obispos estaban agradecidos con los mercedarios por estos servicios. La catequesis fue interesante, pues sólo en Belén, de Ciudad de México, dirigidos por el padre Scotti, atendían a más de 1.000 niños. Desde el año 1921, el gobierno comenzó a repartir en las escuelas libros de texto preparados por la Secretaría de Educación Pública, para fomentar en los niños el odio a la religión desde temprana edad.

El padre Scotti, como Provincial, en abril de 1923, ante la falta de religiosos, solicita a Roma la apertura de noviciado en Texas, al mismo tiempo hacía saber que la provincia mexicana estaba dispuesta a pagar a los formadores que se le enviaran.

En cuanto se presentó la oportunidad ya en 1933 se contaba con 13 estudiantes, la mayoría con estudios en otros seminarios y, entre ellos, estaban los padres Fernando L. Díaz, Leopoldo Armengol, Agustín Gómez y Félix Téllez que llegaron a ordenarse. Al frente de ellos estaban los padres Alfredo Scotti, Adolfo Rodríguez, Nicolás Paracuellos, José Gómez, Miguel Hortas, José Esparza, Ruperto Luna y Enrique García.

Una vez que se logró vivir más en paz y hubo mayor respeto al pueblo, el sentimiento religioso empezó a experimentar la necesidad de acercarse a Dios: "sangre de mártires, semilla de cristianos". Las vocaciones florecieron en las familias cristianas casi sin buscarlas. Entonces la provincia urgida de vitalidad, abre un noviciado en Puebla, en 1931, durante el provincialato del padre Scotti.

El padre Adolfo Rodríguez es nombrado Provincial en 1937 y gobierna hasta 1949 ; admite en el noviciado a un numeroso grupo de jóvenes. Con la cooperación de los padres Fernando L. Díaz y Leopoldo Armengol Aburto, en 1942 abre el postulantado en Toluca.

El padre Fernando L. Díaz fue el último Provincial nombrado desde Roma y gobernó desde 1949 hasta 1965.

La guerra civil española

A partir de 1930 España entra en una situación de inestabilidad. Comienza a gestarse la guerra civil por una serie de desaciertos que fueron polarizando a las fuerzas políticas más importantes en dos sectores antagónicos. El triunfo electoral de los republicanos en 1931, instauró en España la república, liquidando el antiguo régimen español. El contubernio de liberales, socialistas, marxistas y logias masónicas impuso la Constitución de 1931, que, en resumen, era un ataque frontal a la Iglesia y a las Ordenes religiosas.

En el mes de mayo de aquel año se celebra Capítulo General, en Roma, al que acuden los Provinciales de España padres Tomás Tajadura, Alberto Barros y Martín Ortúzar, quienes informan de aquella grave situación, de las dificultades que están viviendo y de la disposición que tienen de seguir adelante a pesar de los peligros que se vislumbran.

Todo el Capítulo manifiesta a los religiosos de España su solidaridad fraterna, al mismo tiempo que les ofrecen, con emocionadas palabras, la más generosa y posible cooperación y, si fuera necesario, los conventos de toda la Orden.

Desgraciadamente, no terminaron allí los acontecimientos adversos, sino que, en 1936, se desencadenó la guerra civil, en la que la Iglesia pagó un enorme tributo a las desatadas fuerzas del mal. Vio a sus instituciones suprimidas, sus templos, conventos, colegios y demás propiedades enajenados, saqueados y destruidos. Sin embargo, el sacrificio más grande de la Iglesia española fue la muerte violenta de cientos de fieles, seminaristas, religiosas, religiosos y sacerdotes.

La Merced tuvo también su cuota de religiosos muertos in odium fidei. En la provincia de Castilla fueron 18 los frailes de sólido prestigio por sus virtudes, cultura, relaciones sociales y dotes de gobierno, que dieron su vida por fidelidad a Dios, a la Iglesia y a la Orden. La provincia de Aragón con 19 religiosos, igualmente virtuosos y cultos, asesinados durante esta persecución, reabre en este siglo las páginas de su añoso y denso martirologio.

8. Ejemplos de santidad

Venerable padre José León Torres Rivero

Nació el 19 de marzo de 1849, en Luyaba, pueblo de la provincia de Córdoba, Argentina. Fueron sus padres Gregorio Torres y Margarita Rivero, modesta y virtuosa familia cristiana. Ingresó a la Orden de la Merced, en 1863, en el convento de la ciudad de Córdoba. El 30 de octubre vistió el hábito e inició el noviciado. Emitió los votos temporales el 1 de noviembre de 1868 y los solemnes el 8 de junio de 1871. Fue ordenado sacerdote el 27 de abril de 1875. Muy joven aún comenzó a desempeñar cargos de responsabilidad en su provincia: Maestro de Novicios, Vicario Provincial, Provincial, Vicario General y Visitador General. El Maestro general padre Pedro Armengol Valenzuela, apreciando sus excelentes cualidades, lo designó Provincial, cargo que ejerció durante cuatro períodos. Durante su gobierno se preocupó siempre por la difusión de la Orden, recuperando el antiguo convento de Santiago del Estero y trabajando muchísimo para reobtener el de Tucumán; hizo nuevas fundaciones en Buenos Aires y Montevideo; promovió la vida común con su constante ejemplo; desarrolló la vida cultural iniciando la publicación de la Revista Mercedaria en Córdoba;visitó los conventos, dando sabias normas de vida religiosa, consejos de santidad y paradigma de vida regular.

Se distinguió por su espíritu de observancia, humildad, don de organización, amor a la Orden, devoción a la Eucaristía y a María de la Merced. En 1887 fundó, en Córdoba, la Congregación de Hermanas Mercedarias del Niño Jesús, a las que dotó de unas Constituciones escritas por él, y a las que siempre dedicó especiales cuidados espirituales. En 1893 viajó a Roma para participar activa y entusiastamente en la Congregación General, que tras cuarenta días de trabajo, aprobó la Constituciones Romanas de la Orden. Aprovechó su viaje a Europa para ir a venerar Tierra Santa. Reconociendo su cultura y profundos conocimientos, el P. Valenzuela, en 1889, lo distinguió con los títulos académicos de Lector en filosofía y teología y Maestro en teología. Murió piadosamente en su ciudad, el 15 de diciembre de 1930.

Sus restos mortales, solicitados por sus hijas espirituales, reposan en la iglesia de la casa madre de las Hermanas Mercedarias del Niño Jesús, en Alta Córdoba. La causa diocesana de beatificación se inició en 1957 y se concluyó en 1959. Llevada a Roma su causa, fue iniciado el proceso apostólico en 1973,  concluyendo con la declaración de las virtudes en grado heroico, el 26 de marzo de 1994.

Fray Antonino Pisano

Nació el 19 de marzo de 1907, en la ciudad de Cagliari, Sardegna. Ingresó a la Merced como postulante, el año 1920. Pero debió abandonar el convento, por enfermedad. Tenaz y perseverante, apenas mejoró de salud, reingresó al monasterio, iniciando el noviciado el 5 de marzo de 1922. Profesó de votos simples el 8 de diciembre de 1923. Se dedicó con empeño y seriedad a los estudios sacerdotales, pero con mayor intensidad se aplicó a adquirir las virtudes religiosas, dando prueba de verdadero amor a Dios y al prójimo, con el ofrecimiento heroico de su joven vida, a los 19 años, en reparación de los pecados de los hombres y por la conversión de todos los infieles, herejes y pecadores. El Señor aceptó la oblación de fray Antonino: en mayo de 1926 comenzó su viacrucis y, aunque había fundadas esperanzas de curación, la enfermedad pulmonar terminó con su vida, el 6 de agosto de 1927. Está sepultado en el santuario de Bonaria de la capital sarda, y muchas personas aseguran haber recibido gracias del Señor por interseción de fray Antonino. El proceso de este siervo de Dios, después de su primera etapa diocesana, está iniciado en Roma.

Padre Félix Migliore

Este santo religioso nació en Serra di Falco (Caltanissetta, Sicilia), el 26 de noviembre de 1819. A la edad de diecisiete años ingresó al convento de los mercedarios descalzos en San Cataldo. Fue ordenado sacerdote en 1845. Devoto del Santísimo Sacramento y de la Virgen de la Merced y caritativo con los pobres, fue estimado y admirado por los fieles a quienes servía con ejemplar diligencia. Por donde iba a desempeñar su apostolado, crecía su fama de religioso observante y piadoso, más todavía cuando le atribuían gracias y milagros. A causa de ello fue llamado a Roma, donde se le prohibió volver a Messina. Vivió en los conventos de San Adrián y Nemi, acrecentando la fama de su santidad con hechos extraordinarios que obtenía del Señor. Con fama de santo, murió en Roma el 7 de agosto de 1886. En el libro de difuntos del convento de San Adrián se lee: "Este padre ha sido un hombre fuera de lo común, y en Sicilia había suscitado un entusiasmo tan grande que no es posible hacerse una idea de la alta consideración en que era tenido, no sólo del pueblo, sino también de muchas personas distinguidas y eclesiásticas... Entre nosotros ha vivido muy tranquilo, alegre, siempre contento, y ha muerto con la misma calma, paz y serenidad".

Madre Teresa de Jesús Bacq

Elisabeth Bacq vio la luz en París, el 16 de septiembre de 1825. Nacida y criada en el luteranismo, a los 14 años se convirtió al catolicismo y recibió el bautismo, el 31 de mayo de 1839. Ese mismo día confió su pureza por medio de un voto a la Santísima Virgen María, en la iglesia de Notre Dame. Quiso siempre ser religiosa. Probó en tres congregaciones, pero insatisfecha, acude al obispo de Nancy, Carlos Marcial Lavigerie, quien la guía espiritualmente y la anima a fundar un instituto religioso. Con el nombre de Damas de María, forma una comunidad, en Nancy, que al año, 8 de diciembre de 1865, se transforma en Hermanas de la Asunción de Nuestra Señora. Después de unos años de grandes trabajos y sufrimientos, aconsejada por el cardenal Lavigerie, se orienta hacia la Orden de la Merced, a la que encuentra afín por su espíritu de caridad y devoción a María. Solicita su agregación a la Orden, y el General Padre Valenzuela la acoge, el 4 de abril de 1887, con el nombre de Hermanas de Nuestra Señora de la Merced. Muere en su París, adonde había ido a buscar ayuda para su Instituto, sola, en una pobre sala de hospital y lejos de sus hijas, el 2 de junio de 1896. Su vida, plena de amor a Dios, a María y a los pobres, estuvo marcada por las contrariedades, incomprensiones, sufrimientos y grandes trabajos. En todo, ella vio la voluntad de Dios, vivió unida a Él, amó la cruz y aceptó constantemente el sacrificio. La sostuvo su inquebrantable esperanza y el deseo de salvar almas. En Roma se ha realizado ya el proceso diocesano de beatificación, concluido el 30 de junio de 1994.

Madre Margarita María Maturana

Margarita María López de Maturana nació en Bilbo (Bilbao), el 25 de junio de 1884. Se educó en el colegio mercedario de Bérriz, donde nació su vocación religiosa. El 25 de julio de 1903 entró al monasterio mercedario para consagrarse completamente a Dios como monja de clausura. El 10 de agosto del mismo año vistió el hábito y cambió su nombre de bautismo, que era Pilar. El día de la Asunción del año siguiente hizo su profesión. Durante los primeros años de su vida religiosa trabajó activamente en el colegio de su comunidad como profesora y prefecta de estudios. Fue su director de espíritu y orientador hacia las misiones el padre Manuel Sancho Aguilar. De carácter alegre y expansivo, su labor pedagógica fue el medio escogido por Dios para hacer nacer en su espíritu la semilla de la vocación misionera. El colegio de Bérriz, bajo la dirección, iniciativa y trabajo incansable de la madre Margarita, se transformó en un bullente centro misionero. El 19 de marzo de 1920 nació la asociación de exalumnas Juventud Mercedaria Misionera, y el entusiasmo misionero pronto atravesó las puertas del monasterio para expandirse por el país, siendo siempre la madre Margarita el alma de esa nueva vida.

Desde este momento los acontecimientos se sucedieron milagrosamente veloces. El padre Inocencio López Santamaría, General de la Merced, visita Bérriz. Margarita aprovecha para presentar al padre General el deseo de servir a la Iglesia como misionera activa. Recogiendo este anhelo, que ella hace en nombre de todas las religiosas, el padre General en Roma se interesa por este proyecto, y el papa Pío XI bendice este deseo. El añoso cenobio mercedario pasa a ser un activísimo centro misionero y cabeza de un nuevo Instituto. En 1926, parte la primera expedición de hermanas misioneras a Wuhu, China. En 1927 la madre Margarita es elegida superiora. Se suceden otras fundaciones en las islas Carolinas y Marshall, y Japón. Roma aprueba el nuevo instituto Mercedarias Misioneras de Bérriz, el 23 de mayo de 1930. Margarita es la primera Superiora General. Dos veces recorre el mundo, especialmente el Oriente, con el único deseo de extender el reino de Cristo hasta los confines de la tierra. Va a Roma a conversar personalmente con el papa de las Misiones. Luego emprende el viaje definitivo, el 23 de julio de 1934. Su proceso de canonización está en Roma desde 1961. Las virtudes heroicas fueron reconocidas por decreto del 16 de marzo de 1987.

Luisa de la Torre Rojas

Nació el 21 de junio de 1819, en San Pedro de Humay, provincia de Pisco (Perú). Fue terciaria mercedaria. Se distinguió por su inagotable caridad: daba de comer a cuanto pobre se le aproximaba, sacando de su ollita la comida, que, milagrosamente, nunca se agotaba. Por sus virtudes es conocida afectuosamente como la beatita de Humay. Murió con fama de santidad, el 21 de noviembre de 1869. Su causa de beatificación sigue su curso en Roma, desde 1946.

Mártires Españoles

Todos los que fueron asesinados durante la guerra civil española, como decía, en septiembre de 1936, el Papa Pío XI,"sufrieron un verdadero martirio en todo el sagrado y glorioso significado de la palabra, hasta el sacrificio de vida de inocentes, de ancianos venerables y de jóvenes en pleno vigor primaveral de sus vidas". Treinta y siete fueron los religiosos mercedarios que, especialmente, en los primeros días de la guerra, cuando más arreció la persecución religiosa, dieron su vida por Cristo. Diecinueve de ellos pertenecían a la provincia de Aragón y dieciocho, a la provincia de Castilla.

Encabeza la lista de los mártires de Aragón el padre Mariano Alcalá Pérez, nacido el 11 de mayo de 1867 y fusilado el 15 de septiembre de 1936.

Los otros dieciocho que enfrentaron la muerte violenta son:

P. Tomás Carbonel Miquel, 20.XII.1888 - 7.VIII. 1936;

P. Mariano Pina Turón, 13.IV. 1867 - 8.VIII. 1936;

P. Francisco Gargallo Gascón, 24.II.1872 - 16.VIII.1936;

P. José Reñé Prenafeta, 15.VI.1874 - 16.VIII.1936;

P. Manuel Sancho Aguilar, 16.I.1879 - 7. VIII.1936;

P. Tomás Campo Marín, 23.I. 1879 - 20.VIII.1936;

P. Francisco Llagostera Bonet30.VIII.1883 - 20.VIII.1936;

Fr. Serapio Sanz Iranzo1. X. 1879 - 20.VIII.1936;

P. Enrique Morante Chic27.IX. 1896 - 25.VII. 1936;

P. Jesús Eduardo Massanet Flaquer16.I.1899 - 25.VII.1936;

P. Amancio Marín Mínguez26.III.1908 - 25.VII.1936;

P. Lorenzo Moreno Nicolás24.V.1899 - 3. XI. 1936;

Fr. Pedro Esteban Hernández27.VI.1869 - 1. IX. 1936;

Fr. Antonio Lahoz Gan22.X.1858 - 1. IX. 1936;

Fr. José Trallero Lou3.XII.1903 - 5.VIII.1936;

Fr. Jaime Codina Casellas3. V. 1901 - 5.VIII.1936;

Fr. Antonio González Penín1.III. 1864 - 10.VIII.1936;

y Fr. Francisco Mitjá Mitjá26.VI.1864 - ....... 1936.

Para el reconocimiento del martirio de estos religiosos, el 31 de mayo de 1957 se constituyó en Lleida (Lérida) el tribunal eclesiástico diocesano. Realizada esta etapa, el proceso pasó a la Sagrada Congregación de Ritos, el 25 de noviembre de 1962, solicitando la apertura del proceso. Hoy la causa sigue su curso en Roma.

De los dieciocho religiosos de la provincia de Castilla, asesinados durante la persecución, nueve pertenecían a la comunidad de la Buena Dicha (Madrid), tres, a la de San Pedro (Madrid) y uno, a la San Sebastián. Son: padre Manuel Cereijo Muiños, 25.X.1886 - 24.VIII.1936; padre José Cereijo Muiños, 11.XII.1909 - 24.VIII.1936; padre Serafín Solaegui Dunabeitía, 25.I.1909 - 24.VIII.1936; padre Guillermo Vázquez Núñez, 10.I.1884 - 24.VIII.1936; padre Enrique Saco Pradeda, 12.XII.1871 - 24.VIII.1936; padre Luis Barros Fernández, 11.III.1893 - 24.VIII.1936; hermano Agustín Salgueiro Rodríguez, 29.XII.1889 - 24.VIII.1936; hermano Gonzalo Pérez González, 2. V. 1884 - 24.VIII.1936; padre Tomás Tajadura Tajadura, de la provincia de Aragón, 21.XII.1871 - 24.VIII.1936; padre Leandro Hermida González, 6.VIII.1883 - 1. VII. 1936; hermano Serapio Paz Muras, 2.VII.1861 - 23.VII. 1936; padre Patricio Peláez Castaño, 28.IV. 1902 - ........1936; padre Eliseo Pérez González, 1. II. 1895 - 27.VII.1936; padre Luis Arias López, 15. VI.1894 - ... IX. 1936; padre Jesús Tizón Boleira, 23.II.1895 - 24.II. 1936; hermano Ramón Lago Parrado, 5.XI.1883 - ..... X.1936; hermano Olimpio Escudero González, 23.III.1911- ..... X.1936; y hermano Ricardo Vázquez Rodríguez, 6.XII.1888 - 26.VII.1936.

No se ha realizado el reconocimiento del martirio de estos religiosos fusilados en Castilla. Sólo se ha recordado su memoria, y los restos mortales de algunos de ellos fueron llevados al monasterio de la Merced de Poio, el 5 de mayo de 1940,y al convento de Herencia, el 14 de junio de 1942.

9. La Familia Mercedaria

Hermanas Terciarias Mercedarias del Niño Jesús

Fueron fundadas el 1 de octubre de 1887, en Córdoba (Argentina) y agregadas como terciarias regulares, a la Orden de la Merced, el 20 de diciembre de 1887. Su fundador fue el Venerable padre José León Torres, mercedario, y su director por espacio de 42 años. A su santa muerte, acaecida el 15 de diciembre de 1930, dejó la fundación muy bien consolidada y extendida en varias ciudades de Argentina y Uruguay.

El arzobispo de Córdoba aprobó las Constituciones propias redactadas por el Fundador. El instituto fue de derecho diocesano hasta el 12 de enero de 1931, fecha en que obtuvo de la Santa Sede la aprobación ad experimentum, y la aprobación pontificia el 3 de abril de 1940.

Según las Constituciones aprobadas en 1983, la Congregación: "cumple su misión a través del ejercicio del apostolado de la educación, mediante el cual hace presente a Jesucristo Redentor, hermano y amigo, entre los cristianos oprimidos a causa de culturas antievangélicas".

Así las Hermanas Terciarias Mercedarias están comprometidas en la enseñanza en escuelas y colegios, el perfeccionamiento artístico y la capacitación de los jóvenes para el trabajo, la asistencia a los huérfanos, niños y ancianos desamparados, el catecismo en los suburbios y ayuda en las obras parroquiales. Las religiosas promueven así la plena libertad de hijos de Dios, haciendo un servicio a la fe.

Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento

Fueron fundadas en la ciudad de México, el 25 de marzo de 1910 y agregadas espiritualmente a la Orden de la Merced, el 11 de julio de 1925. Obtuvieron la aprobación pontificia el 22 de julio de 1948.

Habiendo solicitado la madre María del Refugio a la Curia Diocesana un religioso como director del Instituto, le fue indicado el padre Alfredo Scotti, entonces provincial de México.

El padre Scotti tomó gran interés por el bien de la comunidad, dedicándose a la revisión de las Constituciones, de acuerdo con la madre María del Refugio y con la ayuda de la madre Consuelo Olivares.

La finalidad del Instituto está expresada con estos términos en las Constituciones aprobadas en 1989: "Trabajar con todo ahínco por extender el reinado de Jesús Eucaristía y el amor filial a Nuestra Madre Santísima de la Merced". Este apostolado se expresa mediante la educación de la infancia y de la juventud, su formación en el culto y piedad eucarísticos.

La Congregación tiene escuelas y colegios, y dedica especial cuidado a la preparación de los niños para la Primera Comunión.

Actualmente se encuentran difundidas en México, Colombia, Chile, Estados Unidos, El Salvador, Italia y España.

Mercedarias Misioneras de Bérriz

Tienen origen en un monasterio de monjas mercedarias de clausura fundado en 1540. En 1869 inauguran las religiosas el Colegio que después se haría famoso, La Vera Cruz. Adquiere fama por la vida que le infunde la madre Margarita María Maturana que ingresa al monasterio en 1903.

En 1920 funda la asociación Juventud Mercedaria Misionera. Con esto el colegio y monasterio se ponía a la vanguardia en el movimiento misionero. La causa de este despertar fue el gran espíritu mercedario que se vivía en el monasterio. En 1926 el papa autoriza el envío de un grupo de mercedarias misioneras a Wuhu (China).

El 23 de mayo de 1930, por obra de la madre Margarita Maturana, entonces superiora del monasterio, por decreto de la Santa Sede, se transforma el monasterio en Instituto Misionero, que continúa perteneciendo a la Orden de la Merced.

En 1931 celebran Capítulo General y a él asiste la madre Margarita. Ella redacta las Constituciones, que son aprobadas definitivamente el 3 de enero de 1939. Las hermanas continúan emitiendo el cuarto voto mercedario reformulado. Las Constituciones postconciliares aprobadas en 1981 expresan la misión evangelizadora de la Congregación así: "Nos comprometemos a realizarlo preferentemente en las Iglesias jóvenes y en los pueblos pobres y oprimidos del modo peculiar que expresa y sella nuestro Cuarto Voto redentor: permanecer en la misión, si lo exige el bien de los hermanos, cuando hubiere peligro de perder la vida". Principalmente se han extendido por Oriente: China, Japón, Filipinas, Taiwan, Islas Carolinas, etc.

Hermanas Mercedarias Misioneras de Brasil

Fueron fundadas el 10 de agosto de 1938 por Lucía Etchepare, con el apoyo y la colaboración del obispo mercedario monseñor Inocencio López Santamaría, prelado de Bom Jesús de Gurgueia (Piauí-Brasil).

El padre Inocencio, en un informe al padre General de la Orden de la Merced del 14 de junio de 1954, dice: "Con los permisos necesarios y el rescripto de la Sagrada Congregación de Religiosos, se realizó aquí esta Fundación de Hermanas Mercedarias Misioneras de Brasil, bajo la protección de San Ramón Nonato y de Santa Teresita del Niño Jesús."

La finalidad del Instituto aparece en las Constituciones aprobadas en 1990: "Las hermanas están empeñadas en dar continuidad a la misión redentora de Jesucristo con la acción apostólica especialmente en las zonas rurales y en los lugares más desprovistos de asistencia, procurando ser una presencia liberadora, contemplativa y misericordiosa, sobre todo entre los pobres, marginados y oprimidos". A pedido de su Superiora General, madre Lucía Etchepare, y su Consejo, el Instituto fue agregado a la Orden, el 3 de octubre de 1938, por decreto del padre Maestro General.

Federación de las Monjas de la Orden de la Merced

Es el grupo de mercedarias que recoge el estilo de vida sancionado por la tradición tridentina. Afirmando siempre su vocación apostólica, hicieron y hacen suyas las iniciativas o gestos liberadores que sean compatibles con su clausura o conventualidad. La mayoría de las comunidades se han unido en federación para asegurarse una vida y trabajo más auténticos y eficaces. La Sagrada Congregación de Religiosos, el 5 de agosto de 1955, crea la Federación de Monjas Mercedarias.

Las Constituciones de las Monjas Mercedarias aprobadas en 1988, después de recordar que la Orden de la Merced se propone seguir e imitar a Cristo, haciéndolo presente como Amigo, Redentor y Liberador entre los cristianos cautivos, oprimidos o perseguidos, a los que, según la Palabra de Jesús, quiere ofrecer la Esperanza Mesiánica que anuncia el Evangelio, dicen: "También hoy, las Monjas de la Orden de la Merced nos proponemos anunciar y testimoniar, con nuestra vida consagrada, esa Esperanza Mesiánica"

Esclavas Mercedarias del Santísimo Sacramento

Instituto fundado en Marchena (Sevilla), por el mercedario descalzo fray Emilio Ferrero y por Carmen Ternero, el día 12 de mayo de 1940. El 26 de junio de 1950, el mismo padre Emilio, Comisario General de los mercedarios descalzos, lo agregó a la Orden mercedaria descalza.

Mercedarias del Divino Maestro

Este Instituto no pertenece jurídicamente a la Familia Mercedaria. Nació en Argentina con el nombre de Hermanas de Nuestra Señora de La Merced del Divino Maestro, el año 1887. Sus fundadores fueron el presbítero Antonio Rasore y Sofía Bunge. Se recibieron las primeras postulantes el 31 de enero de 1889. La finalidad del Instituto es la educación cristiana de niñas y las obras de misericordia. Es de derecho pontificio.

El laicado mercedario

Promulgado el Código de Derecho Canónico en 1917, en lo referente al laicado, la Orden adaptó los reglamentos de la Orden Tercera, de la Cofradía y de otras asociaciones mercedarias de laicos a la nueva legislación. La Orden Tercera algunas veces llama constituciones a sus Estatutos.

Aunque en las Constituciones de estas agrupaciones de laicos se recogen y expresan conceptos generales acerca del estilo de vida mercedario, su apostolado se desarrolla en una actividad orientada al bien espiritual del prójimo, traducida, en la práctica, en el rezo diario de tres padrenuestros y tres avemarías, como orar por las almas del purgatorio y ofrecer una parte del rosario por la conversión de los pecadores y herejes. No se pueden ignorar las muchas obras que desarrollan con los necesitados, enfermos y encarcelados, lo que constituye el apostolado social en la línea del servicio redentor.

Según sus constituciones o estatutos, frecuentemente revisados y puestos al día, cuando las circunstancias lo exigían, la vida y la actividad de sus miembros se ha ido acomodando a las exigencias de la sociedad cambiante. Por tanto, deben vivir la probreza en la sobriedad, evitar el lujo, guardar la castidad según su estado. En cuanto al voto de redención y su realización en la vida de una laico comprometido, cumplirán "el voto trabajando contra la esclavitud así del alma como del cuerpo. Por tanto, se consagrarán a las obras de misericordia, enseñando catecismo a los niños e ignorantes, ayudando a las misiones, así entre fieles como infieles con oraciones y limosnas, propagando libros y diarios católicos".

La vida espiritual centrada en Cristo exige oración, recepción de los sacramentos, culto a la Santísima Virgen y al Fundador san Pedro Nolasco, preparando sus fiestas con ayunos y penitencias, en sus respectivas vigilias.

Las Cofradías

La figura de María Santísima ha movido muchos corazones que fervorosamente le han rendido culto a lo largo del tiempo. Es así como dentro del clima mariano aparecen otras instituciones mercedarias, que distintas a la Orden Tercera, veneran piadosamente a María de la Merced, son: Corte de Mercedes, Camareras de la Virgen, Hermanas Sabatinas, y Fraternidades Marianas. La espiritualidad de estas asociaciones laicas brota del carisma de la Orden. Con el auge de la Acción Católica estas instituciones de laicos se debilitan en su vigor.

Los Caballeros de nuestra Señora de la Merced

Como es sabido, la Orden de la Merced tuvo en sus comienzos carácter religioso y militar al mismo tiempo, y los ocho primeros Maestres Generales fueron caballeros laicos.

Con el pasar del tiempo, el carácter caballeresco y militar fue perdiendo la importancia que había tenido especialmente en el primer siglo de vida de la Orden. Sin embargo se conservó y se encuentran investiduras y agregaciones de caballeros laicos en el curso de su historia, especialmente en España, sin ninguna contestación de parte de la Santa Sede o de alguna autoridad civil.

En 1926 el Maestro General de la Orden fray Juan del Carmelo Garrido reformó los Estatutos de la asociación y estableció nuevas normas para los caballeros seculares que dividió en cinco clases o grados: Gran Cruz, Comendador con placa y título, Comendador honorario, Caballeros y Donados, fijando las condecoraciones para cada uno, los uniformes, los honores y la precedencia.

Dos años después el rey de España, Alfonso XIII, Gran Comendador de nuestra Señora de la Merced, emitía un decreto, equiparando la Orden de la Merced a las Ordenes de Caballería españolas, autorizándole el uso de las insignias y de los títulos.

Según los Estatutos de los Caballeros, el objeto principal de ellos es la profesión y práctica de la religión católica, ejercicios de virtudes cristianas, obras de caridad hacia las misiones y propaganda antiesclavista.

En 1931, en su informe al Capítulo General, el padre Garrido afirmaba que en esa época había 300 caballeros.

Posteriormente, en 1936, por los reclamos interpuestos por otras Ordenes Militares cuyas condecoraciones quedaban eclipsadas por la belleza, trascendencia histórica y heráldica de las de la Merced, la Santa Sede, reconociendo, en la práctica, el derecho de la Orden de conferir estas condecoraciones, le pide se abstenga de concederlas. La Merced, aunque se le ofreció la intervención del rey de España, obedeciendo a la voz de la Iglesia, no las otorgó nunca más. También en esta ocasión, Pío XI suprimió del título de la Merced, los apelativos de Real y Militar, que desde sus orígenes ostentó.

10. Culto a la Virgen de la Merced

La devoción, culto y manifestaciones externas de amor a María de la Merced adquieren en la Orden relevancias singulares, cuyas raíces provienen del pasado como una realidad viva dentro de la comunidad eclesial, valor que está incorporado en la cultura, de modo especial en los países latinoamericanos.

Gracias espirituales

La Orden, fue siempre solícita en alcanzar gracias y privilegios de la Santa Sede con ocasión de las fiestas de la Virgen María aun en advocaciones y devociones locales: en 1911 se obtiene oficio y misa propios en honor de Nuestra Señora de la Merced, invocada como Virgen del Terremoto, para la provincia de Ecuador. En 1912, se consigue para la provincia de Aragón el traslado de las fiestas de Santa María de El Puig y de la Aparición en el Coro de Barcelona.

Con motivo de la celebración del cincuentenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen, el Santo Padre Pío X concede a la Orden el privilegio del Toties quoties para el día 24 de septiembre; además, la indulgencia plenaria a los fieles que asistan a la Novena de la Virgen de la Merced, (1905).

La Orden, para fomentar la antigua devoción de los Siete Sábados, solicita a la Santa Sede indulgencias a favor de los fieles que la practiquen. La Sagrada Congregación de Ritos accede a la petición que hace la Orden de seguir implorando a María con la invocación Redemptrix Captivorum.

El padre Valenzuela ofrece al Papa, en nombre de la Orden, su obra De intemeratu Deiparae Conceptu in Ordine ipsi sub titulo de Mercede dicato. El 7 de abril de 1909 otorga la Santa Sede la facultad de dar la bendición papal dos veces en el año a los fieles congregados en las iglesias de la Orden.

El papa Benedicto XV, conocido cofrade de la Merced, hizo popular la bella jaculatoria Piadosísima Madre de la Merced, otorgando 300 días de indulgencia a quien invocare a la Virgen con esta brevísima súplica.

Imágenes Coronadas de Nuestra Señora de la Merced

Diversas advocaciones de la Santísima Virgen en la Iglesia han recibido esta distinción. La Santa Sede, para conceder este privilegio, ha tomado en cuenta algunos requisitos fundamentales:

Antigüedad de la Imagen. Todas las imágenes de la Merced coronadas mediante bulas pontificias son antiguas, especialmente las de América: la mayoría son centenarias. También es importante para la Santa Sede que Dios, por intermedio del culto a la imagen de María, haya realizado prodigios y milagros. La Mariología Mercedaria, en Europa y América, tiene capítulos, que la historia civil y eclesiástica atestiguan, de hechos milagrosos, frutos de la fe de los fieles que acudieron a María.

Y por último, el hecho de tener culto no interrumpido. Gracias a los frailes y religiosas de la Orden, a la Orden Tercera, a las Cofradías y a los devotos de María, se ha mantenido, constante e inalterable a través de los años, la veneración filial a numerosas imágenes de la Madre de la Merced.

Imágenes de la Merced coronadas canónicamente las hay en España: la de Barcelona, célebre en la historia de la Orden, fue coronada el 21 de octubre de 1888 por el obispo de la diócesis, don Jaime Catalá, quien invitó especialmente al p. Maestro General de la Orden, fray Pedro Armengol Valenzuela. Es la imagen más antigua coronada. La de Jerez de la Frontera, coronada el 27 de octubre de 1954 y la de Bollullos Par del Condado, Huelva, coronada el 2 de julio de 1948.

De norte a sur de América Latina encontramos las siguientes imágenes de María de la Merced coronadas canónicamente: La ciudad de Pasto en Colombia se consagra a la Virgen de la Merced el 9 de febrero de 1899, por iniciativa del obispo Mons. Exequiel Moreno Díaz, que declara a María de la Merced Patrona y reina de los pastenses. Es coronada canónicamente el 8 de diciembre de 1941.

También en Colombia, en Cali, es coronada canónicamente la imagen de la Virgen de la Merced por el papa Juan Pablo II, en 1986.

En Ecuador, por decreto de Benedicto XV, fue coronada la imagen de la Virgen de la Merced de Quito, el 15 de diciembre de 1918. La de Guayaquil, en 1947; la de Latacunga, en 1967, y la de Ibarra, en 1968.

Tres imágenes de Virgen de la Merced han sido coronadas canónicamente en el Perú:la de Lima, el 24 de septiembre de 1921 en la Catedral Metropolitana por el arzobispo Emilio Lisson; la del Cuzco, coronada el 1 de octubre de 1961; la de Paita (Piura), coronada canónicamente el 29 de agosto 1960.

En Argentina también hay tres imágenes coronadas: la de Tucumán, Generala de las Fuerzas Patrióticas, coronada el 24 de septiembre de 1912; la de Maipú (Mendoza), coronada el 17 de diciembre 1961; y la de Corrientes coronada el 24 de septiembre de 1957. La Iglesia mercedaria correntina es monumento histórico nacional, pero no pertenece a la Orden.

En Santiago de Chile, la imagen de la Virgen de la Merced que preside el templo basílica desde 1548, fue coronada por bula de Benedicto XV en ceremonia que se realizó en la iglesia catedral, el 22 de septiembre de 1918. Coronó canónicamente la bendita imagen monseñor Pedro Armengol Valenzuela, a la sazón arzobispo titular de Gangra.

Las Basílicas de la Merced

En el siglo XX varias de las Iglesias mercedarias han recibido de la Santa Sede el privilegio de ser consagradas Basílicas menores para distinguirlas de las mayores erigidas en Roma. Una Iglesia para ser declarada Basílica debe ser notable por su antigüedad, extensión o magnificencia o gozar de ciertos privilegios.

Además de estas connotaciones, las iglesias de la Merced han sido declaradas basílicas porque eran verdaderos Santuarios Marianos, de España,Italia y América.

En Barcelona, la Merced es basílica-santuario desde 1889. En Jerez de la Frontera la iglesia-santuario es basílica por breve del 11 de noviembre de 1949. En España existen 45 parroquias y 56 pueblos que veneran a María de la Merced como Patrona. Los mercedarios italianos tienen a su cargo la Basílica de Bonaria, en Cagliari, erigida como tal el 25 de abril de 1926. En Roma, la hermosa Iglesia de La Mercede es título cardenalicio.

En Ecuador, Quito, la iglesia de la Merced fue elevada al rango de basílica el 21 de septiembre de 1921, por decreto del papa Benedicto XV; en Guayaquil, declarada basílica por decreto del papa Paulo VI y consagrada el 16 de septiembre de 1966; Ibarra hecha basílica por el mismo papa el 26 de mayo de 1965. Hay en el país 27 parroquias consagradas a la Virgen de la Merced.

En Perú, el papa Pío XI, por letras apostólicas del 12 de diciembre de 1924, elevó al rango de basílica menor el templo de la Merced de Lima; el 2 de diciembre de 1946 el papa Pío XII concedía los mismos privilegios a la Merced de Cuzco. En la nación peruana hay 32 parroquias que tienen como Patrona titular a la Virgen de la Merced.

Argentina posee dos basílicas mercedarias: en Buenos Aires, el templo adyacente al convento que la Orden reclama como suyo, y la basílica de la Merced de Córdoba, erigida el año 1926. En las diócesis del país existen 66 parroquias que tienen como titular a la Santísima Virgen de la Merced.

Chile tiene el templo de Santiago, al que por bula de Benedicto XV, con fecha 23 de julio de 1923, le fue otorgado el rango de basílica menor. Fue consagrada por el cardenal Juan Benlloch y Vivó, arzobispo de Burgos, el 6 de octubre de 1923. Existen 25 parroquias dedicadas a la Merced, sin contar capillas e iglesias de culto público que suman más de sesenta.

Al conceder la Iglesia estos privilegios a los templos mercedarios, corrobora que son sedes de un devoto y secular culto a la Virgen y reconoce la férvida devoción que los fieles profesan a la Madre de Dios bajo el título de la Merced.

Por su parte, los gobiernos de esos países, en decretos oficiales, han declarado a numerosas iglesias y conventos de la Merced monumentos nacionales.

 

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