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Segunda sección: Terminada en 1873. Arquitectos Betolli y Cánepa. |
Primera sección (hasta el extremo de las columnas que sostienen el extremo sur de la cúpula mayor —donde está el púlpito—) Terminada en 1826. Ingeniero: Juan Manuel López |
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Vista satelital tomada de Google Earth |
La presencia de sacerdotes de la Orden de la Merced en el actual territorio de la provincia de Córdoba fue previa a la fundación de la ciudad.
Los mercedarios debieron tener a su cargo dos lugares de culto en la ciudad de Córdoba antes de trasladarse en 1601 al actual solar.
En el convento actual, el Templo de la Merced de Córdoba fue precedido por dos iglesias anteriores y una capilla precaria.
La primera limosna recibida para la construcción del actual templo data del 27 de marzo de 1807, y fue efectuada por el coronel don Santiago Alejo de Allende, según figura en el libro de fábrica del templo.
La primera salida es del 14 de mayo de 1807, para acopiar materiales. Las tareas de construcción parecen haber comenzado a mediados de 1808, y en noviembre de ese año figura la entrega de cuarenta y cinco pesos al ingeniero Juan Manuel López por los planos o diseños.
La iglesia se inauguró en 1826, durante la comendaturía del padre Juan Antonio Oliva. Así la describe el inventario conventual de 1846.
Primeramente, el templo inconcluso fabricado de cal y canto de vóbeda, de tres naves con diez y nueve ventanas inclusas tres de los coros, cinco puertas, dos laterales a la calle y claustro y tres del Pórtico el que es construido lo mismo que lo demás del templo, con tres arcos al pretil y en cada uno su reja y puerta de fierro nuevas, sobre el cual está parte del coro y en lo superior del frontis dos torres de un solo cuerpo y en una de ellas cuatro campanas siendo tres de ellas muy nuevas, tres coros con su barandas de fierro a la iglesia.
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Luego de las trágicas consecuencias de la reforma religiosa implementada en 1823 por las autoridades porteñas, la Orden de la Merced empezó a reorganizarse en la Argentina. En 1857 se recuperó la comunidad de Córdoba, y empezaron un sinnúmero de actividades en pro de la reconstrucción de los edificios conventuales.
En el año 1868 fue electo superior del convento fray Pedro Nolasco Ortega. El 15 de abril de 1869 firmó un contrato de construcción con Bertolli, Cánepa y Cía.
Los trabajos a realizar eran, principalmente: construcción del crucero con su media naranja, el presbiterio, el coro de los religiosos, la sacristía, el claustro que, saliendo de la última, llega a la portería; además, un nuevo cuerpo en las torres del frente, dos pequeñas torres en el remate de ambas naves laterales, cambio de las antiguas puertas del atrio y del pretil, cambio de puertas y ventanas, total pintura y nuevo piso de toda la iglesia, etcétera. El plazo de la obra era de tres años y el monto de $ 70.000.
En el año 1871 asumió la comendaturía el padre fray Avelino Ferreyra López Sloup, que continuó las obras hasta el fin. Dichas obras fueron ejecutadas en el lapso de más de cuatro años, elevándose el costo de las mismas a la cantidad de $ 78.407.40, e inaugurándose solemnemente el día 1° de junio de 1873. El contrato original establecía la construcción de 11 altares de mampostería, pero sólo se entregaron 5, de los cuales posiblemente subsistan nada más que los de San Serapio y San Pedro Armengol.
Siendo comendador el padre fray Manuel Argüello, resolvió la comunidad, a fines de 1905, cambiar totalmente el antiguo piso de la iglesia y sus dependencias, por otro de mosaico de granito; se iniciaron esos trabajos el 5 de febrero de 1906, terminándose la obra a mediados del mismo año, habiendo sido realizada por la empresa Romagosa de esta ciudad.
Poco tiempo después, en la comendaturía del padre fray Nicolás B. González, se hizo construir y colocar la hermosa barandilla de mármol, correspondiente a las tres naves y el frontis, también de mármol, en el atrio de la iglesia, adquiriendo, entonces, la Merced un aspecto imponente y majestuoso.
En septiembre de 1912, siendo comendador el padre fray Bernardino Toledo, se inauguró el revestimiento de mármol a todos los zócalos de la iglesia. En esta misma ocasión y como una más especial adhesión al glorioso Centenario, se colocaron también cuatro grandiosas y artísticas placas de mármol en el atrio, en donde se leen frases y órdenes del general don Manuel Belgrano y una del general José María Paz, aludiendo a la Santísima Virgen de la Merced. Son también de esta misma fecha las dos pilas de mármol para el agua bendita, y el “aguamanil” que se encuentra en el centro de la sacristía.

Frente de la Iglesia de la Merced antes de 1912
En 1913 se colocaron nuevas rejas al pretil o atrio del templo.
En 1914, el 19 de noviembre, se subsanó un olvido mayúsculo: la consagración del templo. Desde 1826 en que se libró al culto público, se había pasado por alto el detalle. Fue así que monseñor Inocencio Dávila, obispo auxiliar de Córdoba, llevó adelante la liturgia correspondiente, en medio de una imponente ceremonia.
Los festejos del 7º centenario de la Orden de la Merced, en 1918, fueron motivo de numerosas obras tanto en el claustro como en el templo. En la iglesia se colocó en el frente, entre las dos torres, una imagen de la Virgen de la Merced, obra del escultor Luis Z. Ramacciotti.

Imagen de Nuestra Madre de la Merced en el frontis de la Iglesia, obra de Luis Ramacciotti
El 14 de julio de 1926, en ocasión del centenario de la edificación de la iglesia, SS Pío XI acordó a la Merced de Córdoba el título de Basílica Menor. Fue consagrada como tal el 3 de agosto de 1927, por el obispo preconizado de Santiago del Estero, monseñor Audino Rodríguez y Olmos.
Por expreso pedido de la Municipalidad de Córdoba, se colocaron a partir de la década de 1960 una serie de mayólicas en los muros de la iglesia.

Murales de Sica sobre la vida de Córdoba
Con motivo de la refuncionalización del área peatonal, en la década de 1970, fueron retiradas la mayor parte de las rejas del atrio de la Basílica y colocadas en la plazoleta. La Municipalidad costeó un monumento a San Pedro Nolasco, vice patrono de la ciudad de Córdoba, que con el tiempo se convirtió en un lugar de acumulación de residuos.

La Basílica sin rejas y la estatua de San Pedro Nolasco rodeada de contenedores de basura, antes de 2008
En 2008 se terminaron los trabajos en el atrio, trasladando la estatua de San
Pedro Nolasco, reubicando el mástil y colocando nuevas rejas en el pretil.
Además fue construida una rampa para discapacitados —ya existía una en la
galería y por allí podían ingresar al templo tanto enfermos como ancianos— y se
reparó el solado del atrio, destrozado en varios lugares por el uso de
"patinetas".
Cabe hacer presente que el mantenimiento de la Basílica corre por cuenta de la comunidad mercedaria y el apoyo del laicado mercedario, sin recibir subsidio permanente de ningún estamento del Estado.
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