Inicio Palabra que libera 16° Domingo durante el año: Acoger a Dios con la Oración y la acción.

16° Domingo durante el año: Acoger a Dios con la Oración y la acción. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Fr. José Luis Mercado Morales   
Viernes, 16 de Julio de 2010 16:00

palabra_libera-007web1° Lectura: Gn 18, 1-10ª

Salmo: Sal 14

2° Lectura: Col 1, 24-28

Evangelio: Lc 10, 38-42

 

Queridos amigos y amigas:

                                               La palabra de este domingo trae un gran desafío para todos nosotros como cristianos y mercedarios, recibámosla con la esperanza de que nos ayude a profundizar en  nuestro caminar cotidiano.


 

                                               En la primera lectura se nos presenta  el encuentro entre Dios y Abraham. Este estaba  en la puerta de su tienda  buscando aliviarse del calor. Dios se hace el encontradizo al pasar por allí en la persona de los tres mensajeros, imagen de la Trinidad para los antiguos Padres de la Iglesia.  Abraham intuye la presencia divina en esos hombres que pasan, corre a su encuentro y les ruega que no pasen de largo sino que se queden con él, que se hagan huéspedes. Ellos aceptan la invitación. Así Dios y Abraham banquetearon como amigos bajo la encina de Mambré. Al final, Dios premia su hospitalidad con un anuncio: Sara le dará un hijo.

 

                                               El Evangelio encontramos  a Jesús que está de visita en casa de sus amigos  de Betania. Al parecer, no es la primera vez que se hospeda en esa casa. Allí se cada una de las hermanas se prodigará de una manera distinta para hospedar a Jesús. Una desde la escucha atenta  y serena u  la otra desde el servicio.

 

                                                Tradicionalmente en la Iglesia se ha interpretado la actitud de ambas hermanas como dos  modos distintos de discipulado, María representaría la vida religiosa contemplativa y Marta la vida religiosa activa. Personalmente creo que no es tan así. Por un lado, el evangelio no está dirigido solamente a la vida religiosa sino a todo aquel que  ha sido llamado a ser discípulo/a de Jesús. Por otro lado, pareciera que la vida activa  sería como de segunda, ya que tendría menos valor que la primera. Por esto mismo, creo que  el evangelio nos muestra dos facetas de una misma realidad. Todo bautizado, está llamado a integrar los dos aspectos de la contemplación y el servicio en el comino del discipulado. Puede ser que alguno  acentúe es su estilo de vida uno u otro aspecto pero ninguno debe estar ausente porque  esta carencia implicaría un desequilibrio en el seguimiento de Jesús, ya que el mismo implica los dos aspectos, el servicio y la contemplación.

 

                                               Una vida únicamente contemplativa puede hacernos caer en una de las grandes tentaciones de la iglesia de todos los tiempos: el espiritualismo. Este provoca una práctica religiosa desentendida de lo cotidiano  aspirando a bienes celestiales, donde lo humano puede ser hasta un impedimento para acceder a los mismos. De  esta manea se termina esperando un “Reino de Dios” allá arriba en los cielos donde nuestra alma, liberada  de la pesada humanidad, estará a salvo y el sufrimiento del mundo no es más que un camino de resignación y purificación  para llegar más rápido.

 

                                               Pero también una  vida únicamente activa  nos haría caer en un activismo desenfrenado sostenido por la mera voluntad y con el horizonte de sentido desdibujado. Así Jesús deja de ser alguien para ser una idea que sostiene nuestra acción. Con esto es my fácil perder el horizonte y terminar siendo un mero activista social. La mística me ayuda a entender que el reino de Dios pasa por la construcción de una sociedad distinta, pero es  mucho más que eso.

 

                                               Creo que el evangelio nos desafía a unir las dos cosas. No se  trata de oponerlas sino integrarlas en nuestra vida de discípulos. Hay que recibir al Señor que se hace visita. Para ello primero hace falta una cierta intuición, que se desarrolla en el cultivo de la intimidad con Él, para percibir su presencia en la historia, en la vida cotidiana.  Y también hace falta la capacidad de arremangarnos para servirlo dándole lugar en nuestra vida concreta.

 

                                               La espiritualidad mercedaria sabe de esto. Ella nos hace el desafío de encontrar a Jesús presente en el cautivo  y en su nombre le ofrecemos a este cautivo un servicio liberador.  Los dos momentos están presentes. Conozco a Jesús e intuyo su presencia porque lo he conocido en la oración personal, en la escucha de la Palabra, en la eucaristía, entre otros. Esto me ayuda  a intuir  su presencia en el cautivo  y  me lleva  a entregar mi vida en la acción liberadora.

 

Les dejo unas preguntas para reflexionar:

 

¿Con quién te identificas más con Marta o con María?

¿Qué te falta integrar más en tu vida cristiana, la oración o la acción?

¿Te das cuenta cuando Dios te visita? ¿cómo le ofrecés tu hospitalidad?

 

Les dejo una oración para rezar:

 

Quiero estar con vos, Señor Jesús,

Como Marta,

Allí donde el servicio sea necesario

Y como María,

Arrodillado ante el misterio de tu palabra.

Dame el contemplar tu rostro

Y reconocer tu voz, como María,

Para poder encontrarte  en el cautivo

Y gastar mi vida sirviéndote en él, como Marta. Amén.

 

Comentarios  

 
0 #1 Vale Carús 17-07-2010 21:13
...Sin palabras...en este momento es como un martillazo en la cabeza...
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