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1° Lectura: Gn 18, 20-21.23-32
Salmo: 137
2° Lectura: Col 2, 12-14
Evangelio: Lc 11, 1-13
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Queridos amigos y amigas:Â
           Las lecturas de este domingo nos plantean un tema central en la vida del discipulado de Jesús: la oración. Este tema constituye una de las grandes preocupaciones de quien quiere vivir seriamente su fe. La oración es un tema problemático en cuanto que es evidente la ausencia de la misma en muchos de los bautizados. Pero también lo es porque encontramos cotidianamente en nuestros ambientes modos alienantes de oración que no hacen más que apartarnos de la realidad y relacionarnos con un Dios distinto al de Jesús.
           En la primera lectura encontramos este diálogo de Dios con Abraham. Es una situación difÃcil en la cual Dios ha decidido castigar a la ciudad de Sodoma por sus pecados; Abraham aparece  como un intercesor busca que Dios se apiade de la ciudad. Lo interesante de esta escena es que deja ver el vÃnculo existente entre ambos. Por un lado, Abraham cuestiona la decisión de Dios e intercede audazmente por la ciudad hasta tal punto de llegar a una negociación con ÉL. La mentalidad de Abraham es que Dios es misericordioso y su justicia incluye la compasión. Por otro lado Dios revela sus planes y se deja cuestionar por su Abraham dando cabida a sus peticiones. El regateo que se produce quiere mostrar la buena voluntad de Abraham y la disposición de Dios a tener en cuenta su opinión. Se trata de una puja entre amigos, donde, a pesar de las distancias insalvables, se ha creado un vÃnculo de mutua pertenencia.
           En la segunda lectura nos presenta la misericordia de Dios derramada en la cruz de Cristo. En él, Dios nos ha perdonado todos los pecados destruyendo para siempre el documento de deuda que nos condenaba clavándolo en la cruz. Esta es a misericordia de Dios manifestada de una manera absoluta.
           En el evangelio, los discÃpulos piden a Jesús que les enseñe a orar después de verlo orar a Él. La respuesta del mismo tiene dos partes claras.
           En la primera, Jesús les enseñará el padre nuestro como modelo de toda oración. La misma tiene la forma y estructura de las oraciones tÃpicamente del judaÃsmo. Tiene una invocación inicial en la que llamamos a Dios Padre, que refleja el Abbá (papá) con el que Jesús acostumbraba a llamar a Dios. Allà se resalta el vÃnculo que hay entre nosotros y Dios. Este es la base sobre la que se apoya las peticiones que siguen, es lo que da la confianza para pedirle que se manifieste como Dios y que vele por nuestras necesidades. Hay una larga tradición bÃblica en la que Dios es invocado colectivamente como Padre, sobre todo en los momentos de grandes calamidades.
           Le siguen cinco peticiones en las que las dos primeras están referidas a Dios (santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino…) y las otras tres referidas a los humanos (danos el pan, perdona nuestras ofensas, no nos dejes caer en tentación…). Comparando la versión del Padre nuestro con la de Mateo, encontramos que Lucas omite la tercera petición del primer grupo (hágase tu voluntad…) y la cuarta del segundo (hágase tu voluntad). Esto se deberÃa que la versión de Lucas provendrÃa de una tradición litúrgica distinta de Mateo y posiblemente anterior a ésta.
                       La segunda parte del texto contiene unas enseñanzas sobre la actitud con la que debe hacerse la oración resaltando la insistencia y la confianza. Para ello hay dos ejemplos claros la insistencia que hace que un amigo se levante a media noche para darle lo que su amigo le pide y la de los padres que dan lo bueno a sus hijos aún siendo malos. La conclusión es lógica el amigo que escucha y el padre que da cosas buenas al hijo son el mismo Dios. El amigo que pide con insistencia y el hijo que pide confiado son los discÃpulos puestos en oración. Por eso hay que pedir sabiendo que se va a recibir, buscar, sabiendo que se va a encontrar y llamara la puerta sabiendo que se abrirá.
           La enseñanza de Jesús termina con la certeza de que Dios no negará el EspÃritu Santo al que se lo pida porque sólo él es quien puede infundir en el orante la confianza de amigo/hijo para con Dios. Él es quien clama en el interior de cada bautizado/a Abbá, Padre y enseñará lo que hay que pedir y cómo pedir.
           En conclusión, podemos decir que Jesús es el modelo de quien quiera aprender a orar. El Padre Nuestro es el modelo de aquello que debemos pedir. Orar es hacer un camino de vinculación con Dios donde vamos aprendiendo a ser sus hijos y sus amigos. De nada sirven las repeticiones mecánicas sin no nos ayudan a hacer experiencia de amigos e hijos de Dios. De eso se trata la oración. Este vÃnculo con Dios buscado con insistencia nos dará la confianza en la misericordia de Dios.
           Además este vÃnculo de intimidad con Dios nos da la capacidad de ser intercesores de otros y otras ante Dios. Aquà es donde encontramos el tinte mercedario al tema de hoy: los cautivos necesitas de nuestra intercesión ante Dios, por eso no pueden estar ausentes de nuestra oración. Estamos llamados a asumir la audaz actitud de Abraham que apela a la misericordia de Dios a favor de los suyos.
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Les dejo unas preguntas para reflexionar:
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¿Qué lugar ocupa la oración en tu relación con Dios? ¿Cuánto tiempo le dedicás?
¿Cómo es tu oración? ¿Te ayuda a ser hijo y amigo de Dios?
¿Qué lugar ocupan los cautivos en tu oración personal y comunitaria? ¿Te sentÃs intercesor de ellos ante Dios?
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Les invito a rezar la versión lucana del Padre nuestro:
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Padre, santificado sea tu nombre.
Venga tu Reino.
Danos cada dÃa el pan que necesitamos.
Perdónanos nuestros pecados,
Porque también nosotros perdonamos
A todos los que nos han hecho mal.
No nos expongas a la tentación. Amén.
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Espero sus comentarios y experiencias. Hasta la próxima semana. Un abrazo. Fr. José LuÃs. |
Comentarios
Muchas gracias por su servicio evangélico.
Cuando pueda mande meditaciones de breves de Nuestra SantÃsima Madre y de los santos y fiestas Mercedarias.
Muchas gracias.
Hna. Elena
Muchas gracias por su servicio de evangelización, pero le pido que cuando pueda nos mande meditaciones exclusivas de MarÃa de la Merced y de las fiestas mercedarias.
Muchas gracias la PIVAS DE 80 Y 90 Y 100 DE CASA MADRE- MERCEDARIAS.
hNA. eLENA
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