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 Hay ocasiones en la vida que son fundamentales, que determinan un antes y un después en nuestra existencia. Quién de nosotros no ha tenido la experiencia de un momento crucial a partir del cual decidió modificar el rumbo en su camino. Cuando el tiempo ha pasado y miramos hacia atrás, algunos tomamos conciencia y descubrimos la profundidad y la grandeza de ese momento.
 Es lo que le sucede a Nolasco, en la noche del 1 al 2 de agosto, cuando vivencia el encuentro con MarÃa. Hasta ese momento él venÃa trabajando por la liberación y el rescate de los cautivos, pero en esa noche, cuando MarÃa se presenta para hablar con él su obra será la obra que la Trinidad, por medio de MarÃa, le encomienda.
 La tarea que le solicita es  LA LIBERACIÓN Y EL RESCATE DE LOS CAUTIVOS; porque precisamente su Hijo, Cristo, está en los cautivos, vive y sufre en cada uno de ellos. La espiritualidad mercedaria nos descubre al Cristo presente en los cautivos.
 Por este motivo ya no será la tarea de Nolasco solamente, sino que Nolasco se suma a la tarea de Dios, que cumple su promesa y no abandona a su pueblo, que escucha el clamor del pueblo sufriente y viene en su ayuda. Nolasco encarna la espiritualidad de la liberación.
 Por eso la noche del 1 al 2 de agosto es un punto de inflexión en la vivencia y puesta en práctica del carisma mercedario. Es el momento que debemos tener siempre presente para saber si verdaderamente caminamos en la fidelidad.
 Fr. Carlos Alberto Gómez |