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1° Lectura:  Ecl 1, 2; 2, 21-23
Salmo: Sal 89
2° Lectura: Col 3, 1-5.9-11
Evangelio: Lc 12, 13-21
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Queridos amigos y amigas:
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               En estos tiempos neo-liberales que vivimos se acentúa la faceta acumuladora y consumista que los humanos tenemos. De esta manera nos hemos acostumbrado a las ecuaciones del mercado: Bienestar = acumulación, disfrutar = consumir, ser = tener, con una lógica que justifica su aplicación en la vida cotidiana. Por ejemplo, pensemos en todas las razones que nos damos para adquirir un celular de última generación que tenga todos los chiches: cámara de fotos, de videos internet, GPS y, ¿por qué no?, ducha portátil, etc. Es mucho más sorprendente esto si pensamos que el valor monetario del mismo está lejos del poder adquisitivo del portador que habrÃa empeñado buena parte de su sueldo por varios meses. La Palabra de este domingo nos ayudará a reflexionar sobre esta situación que vivimos.
               En la primera lectura, el Qohelet nos presenta con un lenguaje fuerte y realista, algunos dirÃan más bien pesimista, que todo es pasajero y que hay una cierta paradoja en la vida de llena de preocupaciones, aún cuando se ha trabajado con acierto y sabidurÃa, la muerte se presenta como un lÃmite fatal y habrá que dejarlo propio a otro que no ha trabajado. ¿Qué se saca de tantas preocupaciones y angustias que hacen tan fatigoso el vivir? Es la gran pregunta que se hace el sabio Qohelet. Por mucho que alguien se afane no se va a llevar nada con él y otro disfrutará de ello.
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               En la segunda lectura, el Apóstol San Pablo anima a la comunidad de los colosenses a buscar los bienes de arriba contraponiéndolos a los bienes terrenos. Pero para ello debe, todo bautizado cambiar de mentalidad para vivir la vida resucitada, que es muerte para el mundo. Esto es lo que quiere significar el apóstol con despojarse del hombre viejo y con morir al hombre terreno. En la riqueza del cristiano lo que cuenta es aquello que lo hace merecedor de la vida resucitada con Jesucristo.
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               En el evangelio se hace presente el mismo tema cuando un hombre le pide a Jesús que intervenga en un litigio con su hermano por la herencia, lo que motivó a que Jesús les diera una enseñanza la codicia. Esta es ilustrada con la parábola del rico insensato. La misma no es más que la aplicación práctica de la sabidurÃa del Qohelet y de la exhortación de Pablo. La moraleja de la parábola es clara: los bienes no aseguran la vida a nadie. La buena vida no es fruto de la abundancia de bienes para sà sino del que acumula bienes frente a Dios. Él puede reclamar la vida en cualquier momento y no hay forma de disfrutar de lo acumulado.   No es que Jesús invite a sus discÃpulos a vivir un providencialismo ingenuo despreciando los bienes temporales, sino que quiere señalar la centralidad de la búsqueda del Reino de Dios y su justicia en la vida de los mismos. Esta es la única manera de acumular bienes ante Dios.
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               ¿Por qué la ambición material y el Reino de Dios no pueden ir de la mano? Porque éste último supone dar prioridad a las personas y las cosas de Dios. La ambición, en cambio, las instrumentaliza para el propio provecho. El ambicioso no ve hermanos sino posibilidades para una mayor acumulación o para la exhibición se su riqueza. La acumulación obsesiva de bienes atenta contra la justicia y el compartir con los otros lo que se tiene.
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               Quien supo aprender de esta sabidurÃa y hacerla carne en su propia historia es Pedro Nolasco. Él, siendo mercader, encontró que los bienes de la tierra no podÃan atarlo en una acumulación vacÃa y sinsentido de riqueza mundana. Por eso se dedicó a acumular riqueza ante Dios mediante la obra de la redención de cautivos. No renegó de sus muchos bienes, heredados o conquistados, sino que encontró que podÃa hacerse más rico ante Él empeñándolos en la conquista de la libertad de muchos hermanos que padecÃan la cautividad. Por eso es que no necesitó construir grandes graneros para almacenar, sino que hasta tuvo que empeñar la propia vida en la tarea. De esta manera, Pedro Nolasco entró en la lógica del Reino sin dejar de ser lo que siempre fue, un mercader. El sentido de su vida fue acumular ya no para sà sino para gastarla en los cautivos. Buscando esta riqueza es que vivió el despojo aún de la propia vida, a la manera de Jesús.
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Les dejo unas preguntas para reflexionar:
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¿Cuál es la riqueza que querés acumular en tu vida? ¿En qué se refleja?
¿Buscás gastar tu riqueza, grande o pequeñas, con sentido o te entregás fácilmente a la carrera consumista?
¿Qué y cuánto estás dispuesto/a a gastar para que otro tenga vida y libertad?
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Les dejo una oración para rezar:
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Librame, Señor Jesús, de la codicia.
Dame un corazón sencillo
Para vivir feliz con lo que tengo
Y dame un corazón agradecido
Por todo lo que me das.
Ayudame a descubrir que vos
Sos mi mayor tesoro
Y que puedo ser feliz
Gastando los bienes y la vida
En liberación de los cautivos.
 Amén.
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 Espero sus comentarios y reflexiones que nos ayuden a hacer vida la Palabra en nuestras comunidades. Hasta la próxima semana. Un abrazo. Fr. José Luis. |
Comentarios
Por ellos, renovemos siempre nuestros corazones para seguir animando, trabajando hasta que el esfuerzo duela,por que en el medio del camino Nuestra Madre MarÃa de la Merced nos espera para animarnos como lo hizo con Pedro Nolasco. Un fraterno abrazo. C.
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